Huele a romero

 CORRÍA el primer lustro de los años setenta  cuando empecé a oír a un cantaor que aunque nacido en Vejer, toda su familia y su crianza fue utrerana. El Turronero pertenecía a una generación de cantaores que ofrecía una nueva mirada al flamenco, las corrientes neojondistas de los sesenta dieron paso  a una década, la de los setenta, donde una pléyade de jóvenes intérpretes apostaban por un nuevo modelo de flamenco cuyo punto de inflexión se hallaba en la figura de Paco de Lucía y por un nuevo marco político. 

El flamenco se convirtió en un signo identitario y por ende los festivales  contribuyeron a una nueva escenificación que, salvando las distancias, evocaba el modelo que se venía empleando en el mundo del rock: grandes escenarios, un ingente listado de intérpretes y una duración desproporcionada. Esa puesta en escena se llevó a gran parte del territorio andaluz, tanto, que no había población, por muy minúscula que fuera, que no  tuviera su macro-festival de flamenco. Y dentro de esa manera de “teatralizar” el flamenco llegamos a encontrar a una serie de figuras que dominaron  por cierto tiempo esa escena. Uno de ellos fue El Turronero, artista  que se distinguió por su particulares maneras de interpretar las bulerías, Manuel Mancheño Peña  fue un cantaor que llevaba a gala su origen,  su cante era utrerano de necesidad, la campiña sevillana había dejado una profunda huella en su forma de decir el cante, especialmente  un  modelo de bulerías que  abrazaba al cuplé o canción sin prejuicios, sobre estas estructuras construyó una particular lírica que hizo furor hasta bien entrado los años ochenta  junto a un guitarrista que lo supo entender, Paco Cepero. 

Probablemente la obra de este  cantaor no tendrá su justa dimensión si no es entendida junto a la del jerezano de la guitarra, quien supo complementarse con soltura a la filosofía de este original  artista del cante. 

La imagen iconográfica que se tiene del mismo se centra en sus famosas bulerías en las que canta a Curro Romero, no obstante su obra era más extensa y es que a veces “los árboles no nos dejan ver el bosque”, tientos, alegrías, fandangos, soleares, sevillanas, tarantos, seguiriyas  son algunos de los palos que dominaban pero que no relucían por mor de la moda imperante.

El disco que hoy  presentamos es una edición del 2008 que editó el Centro Andaluz de Flamenco de las grabaciones registradas por Ricardo Pachón en directo entre los años 77 y 78, es pues un excelente documento por cuanto nos ofrece una visión real de aquel flamenco en transición.

Manuel Naranjo Loreto

El Turronero Vol. 1. Con la guitarra de Paco Cepero. Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco. Centro Andaluz de Documentación del Flamenco . Consejería de Cultura.  Junta de Andalucía

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