Si me queréis, irse

IV Ruta de la Barbarie

CUENTAN los viejos que hubo una vez una ciudad rodeada por murallas en la que todo el mundo tenía miedo a salir. Cuentan que en 1340 se libró una batalla en las inmediaciones de la laguna de la Janda en la que los cristianos ganaron a los musulmanes, tomando el control del estrecho de Gibraltar e impidiendo el desembarco de tropas provenientes del norte de África. Cuentan que entonces los asustados habitantes traspasaron los viejos muros y empezaron a construir casas alrededor de una pequeña ermita dedicada a San Miguel. Fue entonces cuando nació uno de los barrios más señeros de Jerez. Pasaron los años y a las casas de los agricultores y artesanos se sumaron los palacios de los nobles, y llegaron ermitas y conventos, marqueses y casas de vecinos, burgueses enriquecidos con el comercio de vinos y gitanos que desgranaron con la fuerza de su garganta lo mejor del cante flamenco. Y la belleza se fue posando siglo tras siglo sobre el barrio. En la cal de las casas de Santa Clara, en el mármol de los palacios, en los naranjos de la Corredera, en la filigrana de piedra de la torre de San Miguel, en los nombres viejos de las calles viejas: Berrocalas, Encaramada, Cazón, Zarza, San Antón, Granados, Sol, Molineros, Campana, Empedrada, Pañuelo, Guarnidos, Porvenir, Cerrofuerte, Cruz Vieja, plazuela Orellana...

Un lugar lleno de vida que comenzó su declive a mediados del siglo XX. Las barriadas poco a poco fueron dejando vacías las apiñadas casas de vecinos mientras que los grandes señores emigraron a chalets de nuevas zonas residenciales, mucho más confortables que los vetustos caserones. San Miguel poco a poco se fue apagando, descendiendo lentamente al estado de postración en que se encuentra hoy día. Villapanés sufrió un escarnio ejemplar, medio abandonado y con sus pinturas y yeserías barrocas viniéndose al suelo, medio restaurado por una panda de ceporros, y coronado de espinas por el monumento de Lola Flores y sus olivos adyacentes. Aparecieron los solares infectos, los palacios en ruina, los viejos edificios devorados sin piedad por tiburones inmobiliarios, el esperpéntico monumento de La Paquera amenazando a los viandantes a la par que destruye una perspectiva urbana histórica. La Barbarie.

San Miguel agoniza entre sus escombros sin que nadie haga nada para remediarlo. Alguien nos llama la atención sobre este asunto, y nos convoca para mañana a las 11.00 en la plaza del Arenal. Esperanza de los Ríos y José Manuel Moreno nos invitan desde su blog jerezpatrimoniodestruidoblogspot.com a la IV Ruta de la Barbarie. Después de los éxitos de las tres anteriores (por las inmediaciones de la Catedral, San Mateo y Santiago) los jerezanos tendrán la oportunidad de conocer de la mano de dos expertos en ladrillazos y perrerías patrimoniales los disparates del barrio de San Miguel. Un viaje dedicado a los amantes de las emociones fuertes. Se troncharán de risa al contemplar la catetísima casa de hermandad del Santo Crucifijo, se persignarán al contemplar el ático recientemente levantado junto al sagrario de la parroquia, temblarán al conocer el estado de conservación del Corral de San Antón y la asombrosa y triste historia de sus dueños que luchan sin fruto por restaurarlo, llorarán al ver en qué ha quedado una edificación del siglo XVIII que en su día se denominó la Casa del Cristo, sentirán escalofríos contemplando los bloques de la Cruz Vieja, se revolcarán por el suelo ante lo que queda del suntuoso palacio del Marqués de Villapanés (hoy la mierda de La Tomata).

Toda una aventura a través del malherido corazón del Jerez Eterno. Una llamada a las conciencias de todos los jerezanísimos que nos vamos dando golpes de pecho al hablar de nuestra ciudad sin que movamos un dedo cuando se le hace daño. Una Ruta de la Barbarie que nos recuerda que no todo está perdido y que si queremos San Miguel volverá a brillar con el esplendor de siglos pasados.

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