La otra mirada

Jardín polar: Poesía azul

A veces la escritura de nuestros sentimientos, de nuestras emociones, no se produce sobre un papel o sobre la pantalla de un ordenador. A veces, nuestros sentimientos se encuentran grabados en lugares más fríos, recónditos e inaccesibles. Los temores a sentir, o las consecuencias de haber sentido, hacen que recubramos de una gruesa capa de hielo cualquier atisbo de emoción que nos deje indefensos. A veces, cada vez más veces, la vida nos lleva a escribir nuestras emociones en el interior del hielo, donde difícilmente puedan aflorar.

Tan sólo circunstancias imprevisibles o remotas, posibles pero improbables, pueden volver a provocar que esa tinta llegue a tener contacto con el aire. Que pueda diluirse y fundirse como un liquido viscoso, inalterable pero vivo, un sólido que muta en proceso de fusión, en el corazón del hielo, en las entrañas de lo que nos resta de emoción.

Valga esta casi poética introducción para hablar de una exposición que también tiene mucho de poesía, ‘Jardín Polar’ de Olga Simón (Madrid 1974) en la Kursala de Cádiz hasta el 26 de febrero.

Olga Simón huye de imágenes de lectura inmediata para realizar un viaje mediante imágenes fotográficas hacia el interior de sus emociones. Una introspección, en la que utiliza esas imágenes para reflejar estados de ánimo, evoluciones emocionales, situaciones sensoriales, sentimientos perdidos, bruscamente hallados o añorados.

Para desnudar más allá de su epidermis ante un lector que puede no entenderla pero que puede interpretarla. Aunque esa interpretación, en verdad, sea la auto interpretación del propio lector, una introspección, el viaje hacia su interior.

Tan solo dos palabras ofrece la autora para indicarnos las claves de su mensaje. ‘Jardín’ y ‘polar’, quizás para eso, para indicarnos una mutación, constante como la propia vida, como los sentimientos. Antagónicos, como los componentes de la realidad. Reinventable, como el ser.

‘Jardín Polar’ es una atmósfera azul, es un silencio. Es un vacío lleno de sonidos huecos, de susurros, de lamentos y de espera. Es un sueño de difícil interpretación. Es resignación y a la vez gélida ilusión inverosímil.

Es la realidad la que nos conduce al hielo, para eternizar en él las emociones vividas, pero también la que vuelve a rescatarlas, aparentemente inalterables para devolverlas a ese jardín, ese jardín que difícilmente vuelve a resurgir de la escarcha. Una y otra vez, como la translación de la tierra, como la inclinación de los polos. Como la tinta vuelve fluir viscosa entre las moléculas del hielo que la abrazan.

Es una auténtica pena que ustedes contemplen estas imágenes en blanco y negro, porque pierden mucho de esa atmósfera que generan y envuelve a nuestros sentidos, hasta hacernos percibir sensaciones más allá de las puramente visuales. Pero pueden resolverlo con imaginación o acudiendo a ver la exposición que, aunque incompleta, contiene significativos fragmentos de la poesía que he intentado traerles con este artículo. Poesía azul, aunque ustedes no puedan ver el color.

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