Lectores sin remedio por Ramón Clavijo y José López Romero

Jerez de la Frontera, 1753 (II)

 En la polémica que venimos analizando entre Jerónimo de Estrada y el P. Flórez, el acuerdo al que llegan las partes es determinante. Asunto zanjado con el Corregidor, que en base a la disposición de la Corona, cuidaría de ahora en delante de la colección de Antigüedades  Romanas , que se trasladaría a un depósito en el  Cabildo.  Flórez, por su parte, rectificaría cediendo ante Asta, como así hizo constar en el tomo X de  España Sagrada, centrado en las diócesis dependientes (aun) de Sevilla, ya en 1763. 

Tales acuerdos, sin embargo, dejaban abiertas algunas cuestiones que tampoco se solucionarían en el siglo XVIII. Porque, por un lado, la Iglesia seguiría reclamando  el  reestablecimiento de la  antigua silla episcopal (como de hecho se hace aun en 1782 cuando se envía una Representación a Carlos III) volviendo sobre las viejas argumentaciones de la polémica Asta – Asido, y aun en 1763, cuando Flórez accede a la corrección y prepara su viaje por Andalucía Occidental (visitará  la colección de Antigüedades del cabildo de Jerez en 1768),  proliferaban  Demostraciones sobre la Antigüedad de Jerez, como la de Francisco de Mesa, canónigo de la Colegiata. 

La lectura del título de la obra es muy elocuente: Demostración histórica de haber sido la ciudad de Xerez de la Frontera y en su término Tarteso, Turdeto, Xera, Carteya, Asta Regia, Asido Cesarina, Astidona, Asidonia, Xerez Saduña y Xerez Sidonia, capital del antiguo Obispado Asidonense, no unido a el de la Metropolitana de Sevilla, ni trasladado a la ciudad de Cádiz. 

Toda una declaración de intenciones con la que, tirando de la toponimia que habían dejado las fuentes clásicas (Estrabón, Plinio y Ptolomeo en particular) trata de mitificar los orígenes. Eso si, aparecen nombres como Turdeto, supuesta capital de la Turdetania, que nunca existieron, y se mencionan claramente núcleos como Carteia  que ya entonces iban siendo situados con claridad. Por otro lado – hay que decirlo-  no se menciona Ceret, sino  la Xera de Stephanos Byzantinos  (Ethniká, 481). En ese momento, ni siquiera  Flórez o Estrada se habían  planteado una posible conexión entre Xera, que ya era citada por Teopompo en el siglo IV a.C,  y la moneda de la Plaza del Mercado (tenían claro, pues, que no eran lo mismo). Por lo demás, la relación de topónimos, todos ‘en el término de Jerez’, hacía ver que el  antiguo y pretendido  Obispado Asidonense administraría un territorio bastante amplio, que llegaría hasta las columnas de Heracles. 

Pero volvamos a Estrada y a sus Antigüedades.  Sabiendo como sabía que Mesas de Asta ya era entonces  un yacimiento expoliado, cantera para el coleccionismo de Antigüedades, era lógico que se preguntase al menos si los vestigios que él había recogido en su informe eran de Jerez o de Mesas de Asta (e insistimos, aun  sin identificar la moneda de Ceret con Xera), pues si en la Plaza del Mercado había una estatua de mármol blanco vestida a la romana,  y – además de la de Ceret- en la ciudad  han aparecido monedas de Hércules  (¿de Gadir?) e inscripciones dedicadas a Hércules que muestran el culto que se le daba en la ciudad , encontraba la evidencia necesaria para ganar a Flórez en la polémica. Y no solo porque Asta fuese el origen de Jerez, sino porque ésta participaba también de unos orígenes míticos, como aquella, remontándose nada menos que a la edad heroica.

Hoy en día el análisis de las monedas  e inscripciones de Hércules no es cuestionable. Todos sabemos que deben asociarse con el culto de Hércules Gaditano, y que es muy probable que en Mesas de Asta haya más indicios de ello. El propio testimonio de Estrabón (Str. III, 2, 2) recuerda que Asta  es un emporio comercial en donde los Gaditanos hacen intercambios con los turdetanos.  Por ello, las dos inscripciones  en las que se deja ver un culto a Hércules, y que aparecen citadas como procedentes de  Jerez, tienen que ponerse en este contexto.

La primera (CIL II, 1303),  parece ser un ara consagrada a Hércules Augusto. Puede ser  entendida en el contexto de  las empresas mercantiles gaditanas, en torno al Herakleion, el gran templo del Hércules Gaditano que todos convienen ubicar en Sancti Petri. Pero mejor  puede plantearse como una muestra del culto imperial  que  se está consolidando en la zona a partir del proceso de colonización desarrollado por los romanos, y que supone la supeditación de la población al  poder imperial, y un elemento de cohesión social  ya  utilizado desde Augusto. Es un culto claramente urbano, y por ello necesariamente  desarrollado en una  ciudad romana  con un templo romano: bien un municipio (Gades), bien una colonia (Asta, Asido).  En Jerez no hay restos de estas estructuras, y  ni entonces  Estrada ni ahora la arqueología las ha encontrado.  Eso si: Flórez recogió el dato de Estrada  para reforzar la tesis del antecedente de la sede episcopal en  Asido Caesarina  (España Sagrada, X 27). 

¿Procedía de allí, Medina Sidonia, la inscripción, o de Mesas de Asta? ¿ Podemos decir lo mismo de CIL II, 1304,  en la que Quinto Castricio  también  hace una ofrenda  a  Hércules Augusto?. CIL II 1303 se dice ‘encontrada en Jerez en 1753’.  Por  su parte, CIL II 1304 ‘ya estaba  en Jerez empotrada  en una casa frente a la iglesia de San Marcos’. Quizás las dos ya estuvieran allí antes de la fecha, independientemente de cuándo se encontraron o fueron ‘anotadas’ para la Disertación.

La comisión de Antonio Mateos dio  también dictamen de pertenencia  a Jerez a dos inscripciones funerarias: CIL II, 1307 y CIL II, 1309. La primera fue encontrada in situ  en una viña  del Pago de San Julián, y es la única inscripción de 1753 que podría quedar fuera de sospecha, por tratarse de una lápida  funeraria - la de Lucio Alpidio-   cuyo contexto puede asociarse al de una villa, algo bastante más acorde con el término  Ager Ceretanus y con lo que la arqueología nos depara actualmente.  Sin embargo CIL II 1309, la tercera inscripción  de Estrada, aparece  de nuevo dentro de Jerez, en la Puerta del Arenal, y  cortada  (sic), leyéndose tan solo  el nombre del difunto, Lucio Cecilio, que encarga la inscripción  ex testamento. Una inscripción que fue utilizada como otras muchas para sillares de refuerzo de la muralla de Jerez,  ésta en particular por su dureza (era de pedernal negro).  

 Finalmente,  llegamos a la inscripción estrella: una columna con una inscripción honorífica  encontrada en  la Puerta Real (CIL II, 1306), también conocida como la inscripción del marmolillo. La única de la Comisión de 1753 que no ha desaparecido, que también es referida por el Cabildo (M 12 D, fº 95), pero lamentablemente en muy mal estado por el desgaste de la  superficie.  Una inscripción polémica porque su lectura se ha interpretado desde diferentes posiciones y porque, desconociéndose su procedencia real,  muchos han asociado con  Ceret, y otros con Mesas de Asta o incluso con Asido.  Otro argumento para la polémica.

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