Jorge Camacho, el último gran surrealista

CONOCÍ a Jorge Camacho a través del profesor Fernando Martín. Éste es uno de los máximos expertos en arte surrealista de cuantos existen y el pintor cubano era uno de sus últimos grandes representantes, probablemente, el único vivo de aquel tiempo heroico en el que los artistas abrían caminos expectantes por donde dar salida a universos apasionados y apasionantes en los que la realidad perdía sus fronteras y alcanzaba nuevas situaciones llenas de entusiasmo - existencial, espiritual, crítico, ilógico, irracional, a contracorriente, pararreal... y todo cuanto supusiera matizar y dar nuevo sentido a lo habitual-.

La primera visión de Jorge Camacho ya te situaba directamente ante un ser diferente, lleno de vitalidad y humanidad y con una mirada que dejaba traslucir una existencia llena de pasiones. Mirada que había visto todo cuanto existía en el arte del siglo XX y que había compartido con casi todos los grandes. Amigo de Tanguy, de Matta, de Michaux, de… Reinaldo Arenas, aquel poeta al que quisieron hacer maldito y que luego fue rescatado de los abismos del olvido por el papel magistral de un Bardem genial en la película de Schnabel ¡Casi nada!

Jorge Camacho era sencillo, sonreía con franqueza y despedía sinceridad y afecto. Fui testigo de su pureza vital en más de una ocasión y compartí una tarde inolvidable en Almonte viendo cuadros en un jurado al que él aportó más que sabiduría. Jorge era un pintor de esencias imposibles. Sabía rescatar del entorno los motivos más inverosímiles para convertirlos en elementos de una iconografía especialísima donde la crudeza de la realidad adquiría una nueva dimensión. De esta manera compuso una historia protagonizada por una especie de ídolos, iconos de una religiosidad mitad divina mitad demoniaca; también se adentró por una tauromaquia de imposibles, como intentó Fernando Villalón, aquel poeta agricultor y señorito del 27 que soñaba toros de ojos verdes.

Jorge Camacho había nacido en La Habana en 1934. Tras algunas vicisitudes se afincó en París donde entró en contacto con André Breton que, todavía, encabezaba el movimiento surrealista, participando en algunos de sus últimos proyectos, como la XI Exposición Internacional del Surrealismo, L'Ecart Absolu, celebrada, en 1965, en la Galería L'Oeil de la capital francesa. Su vida transcurrió por todo el mundo, realizando distintas actividades relacionadas con la pintura, la ilustración, la poesía y la fotografía. En 1975 se instaló en los Pajares, término de Almonte y en la misma raya de la marisma de Doñana. Allí pasaba gran parte del año, habiendo llegado, junto con Margarita, su mujer, a integrarse en la vida de la población hasta el punto de ser considerado por todos como uno de los almonteños más ilustres.

En la obra de Jorge las referencias a la gran pintura latinoamericana de este siglo era muy patente, pudiéndose observar la huella cultural de los Joaquín Torres García, Wilfredo Lam, Roberto Matta…, autores como él de una pintura donde lo real y lo imaginado conforman un espacio donde habitan elementos de una escenografía de síntesis; imágenes presentidas, imposibles, mediatas o inmediatas, que habilitan registros que yuxtaponen aspectos de la vieja y enigmática esencia americana con otros más cercanos relacionados con su nuevo entorno existencial. Jorge supo radiografiar los muchos elementos de la realidad y extraerle un especial sentido que trascendían mucho más allá de los límites de una existencia cuestionada. El paisaje de Jorge Camacho interpretaba un espacio que parecía volverse casi cósmico, donde la naturaleza aparecía como reducida a meros registros referenciales.

Jorge Camacho ha sido el último artista vivo de aquella ilustre y heroica vanguardia histórica. Ha sido para muchos la única referencia que nos quedaba para conocer, de primera mano, la realidad de una historia que él protagonizó con algunos de los más grandes. Jorge ha sido artista presente con un bagaje pretérito que ha abierto espacios de futuro. Con él se nos ha ido una parte de lo que fue uno de los grandes pilares del arte moderno; pero también se nos ha ido una persona entrañable, cercana, amiga, grande y sabia. Sin él - ¿verdad Carmen Elías, Mercedes Crespo, Javier Sánchez, Paco Broca, Fernando Martín, Javier Domínguez…? - muchos han perdido un amigo, una persona querida, un artista admirado; además, la historia del arte se ha quedado más huérfana sin uno de aquellos que contribuyeron a hacerla eterna

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