Lección de Arte total

Lección de Arte total Lección de Arte total

Lección de Arte total

Uno de los grandes problemas que acontecen a la hora de la conformación de exposiciones colectivas es que, en muchas ocasiones, los organizadores de las mismas - los que gratuitamente se autodenominan comisarios o, peor aún, curatores - tienen poco claro cuál debe ser el concepto que anime a una muestra de muchos autores, con tendencias, modos, lenguajes e intereses artísticos diferentes. La que encontramos en el Museo de Cádiz goza, abiertamente, de todos las circunstancias organizativas exigibles para una exposición, seria y trascendente, que ofrezca los planteamientos más acertados. Sus comisarios son los más adecuados para este tipo de proyecto. Así, por un lado, Eduardo Rodríguez es, sin duda alguna, el que mejor conoce la Colección de Arte Contemporáneo de la Diputación de Cádiz; él la gestó, la vio nacer y, mientras lo han dejado, la he hecho crecer sabiamente para convertirla en absoluto referente. Junto a él, Miguel Ángel Valencia; éste ha trabajado en el Museo y conoce los entresijos de una institución compleja, con infinidad de propuestas museísticas. Por eso, nadie mejor que ellos para dar sentido a una muestra que tiene mucho trabajo, muchas puntadas, muchas exigencias y, por tanto, necesita mucha sabiduría para llevarla a cabo.

Si una muestra cualquiera, por escueta que sea, exige un proyecto expositivo, una de las características de la que nos ocupa, con diversidad de artistas, profusión de tendencias, distintos conceptos artísticos y, además, realizada para un espacio tan complejo como un Museo como el de Cádiz, con sus connotaciones particulares - museo que abarca casi toda la Historia del Arte y con un espacio amplio y sinuoso -, es un asunto difícil al que hay que saber dilucidar con criterio y solvencia. Los Comisarios de la muestra la llevan a cabo con rigurosidad y sentido.

MUSEO Y COLECCIÓN DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE LA DIPUTACIÓNMuseo. CÁDIZ

La primera circunstancia que se desprende de la muestra es la sabia integración de una selección de piezas de la Colección de Arte Contemporáneo de la Diputación en el conjunto del espacio museístico existente en la Plaza de Mina. No es asunto fácil. En primer lugar está la acertadísima selección de obras y, por supuesto, la espectacular situación de las mismas en los espacios más adecuados del Museo.

La exposición comienza en la sala del Arte Rupestre, allí donde las vasijas prehistóricas ocupan su silente espacio, seis piezas contemporáneas mantienen un diálogo callado con ellas. El primer Cartel del Certamen Aduana realizado, en 1988, por el recientemente desaparecido Julio Juste; la figuración de mediatas posiciones conceptuales de Paco Pomet; la superior escultura de Antonio Sosa llena de referencias, la plástica textil de Teresa Lanceta; las reducciones coloristas de Aido Iacobelli y el magnífico y significativo guiño a lo real de la conocida cerilla de Chema Madoz. En el sancta santorum del Museo como es la sala donde duermen el sueño de historia eterna los sarcófagos fenicios, nos encontramos un planteamiento de lo más pop en la obra del malagueño Juan Maximiliano Jurado; junto a él la fotografía de animales de impactantes colores del argentino Juan Erlich contrasta con las sonrientes cabezas de Astarté. Otra pieza importante de Chema Madoz nos aparece colocada acertadísimamente en la vitrina de la orfebrería fenicio-púnica. Y como supremo guiño a la museografía, el hombre colgado del valenciano Gerardo Sigler corona ese altar superior donde reposan los famosos sarcófagos.

El gran patio del arte romano acoge un fotografía de Humberto Rivas; en ella la representación queda supeditada a la fuerza inherente de la imagen. Carlos Pérez Siquier, el gran fotógrafo almeriense, nos lleva a esa representación hedonista de una escena playera de felices connotaciones; Dionisio González, también fotografía en, "Santo Amaro I", los inquietantes espacios de una sociedad diferente. Los hermanos MP Rosado nos muestran una pieza de sus expectantes inicios y, junto a la gran estatua colosal del emperador Trajano, Paco Almengló, nos sitúa ante su " Desastres provocados, desastres controlados", una instalación de poderoso formalismo y marcado desarrollo conceptual.

Siguiendo en este primer piso y, todavía, con la iconografía romana, junto a esa poderosísima estatua de un emperador heroizado encontrado en los espacios de Baelo Claudia, la muestra continúa con una pieza de Guillermo Pérez Villalta que sirvió como portada de la Revista Atlántica, con una clara referencia al mundo clásico. En el mismo espacio, "El origen del mundo", el conocido poderosísimo mosaico de Jon Fontcuberta. La sala dedicada a los ajuares funerarios, acoge dos obras del recordado Luis Quintero; una de ellas con el tiempo como centro generador y otra, "Tú y yo", todo un bello poema visual. Junto a ellas una buena representación de fotografía: Juan Carlos González Santiago, Manolo Bautista y Luis Vioque. Además una metáfora visual de Josep Guell, perfectamente integrada en la vitrina de ajuar encontrado en la tumba de la Calle Escalzo de Cádiz. Termina la primera planta con una pieza, "Perro MACBA" de Julia Rivera y Juan Carlos Bracho.

La segunda planta ofrece felicísimos encuentros. Una sutilísima instalación de Javier Velasco, donde el reflejo de su particular lluvia de lagrimas rodean una especie de corsé casi natural. "Norte y Sur" de Pedro Mora se presenta magníficamente encima del tríptico de "El Divino" Luis de Morales. El gran altar donde se levantan los espectaculares cuadros de Zurbarán de la Cartuja de Jerez sirve de idóneo marco para los retratos de Camarón de Alberto García Alix. Antes de entrar a la gran sala de la pintura barroca, la "Manigueta para el mundo" de Miguelo impone su trascendente ley artística como punto de referencia identificativa. Una vez en el interior, con los Murillos, los Francisco Meneses Osorio y "La Visión de San Feliz Cantalicio" de Alonso Cano, aparecen guardianes expectantes antes las obras de Arturo Aguiar, Antonio de Felipe, Armando Mariño y "El ojo del dragón" de páginas amarillas de Andrea Moccio.

Muchos nombres importantes nos encontramos en las estancias de la pintura barroca. Daniel Verbis y su yuxtaposición de imágenes y materiales; Ferrán Destemplé con esas espinas sobre el bello "Ecce Homo" de José de Ribera; el Cartel de Nazario formando esquina con la gran Naturaleza Muerta de Wilhem Claesz; así como la importante fotografía de Hannah Collins. El Arte del siglo XIX, tan bien representado en el Museo de Cádiz, comparte escenario con obras significativas de artistas contemporáneos:Ángeles Agrela, Paco Lara, Lolo Pavón, Juan Francisco Casas, Juan Ángel González de la Calle, Daniel Sueiras, Hernán Cortés y su Cartel del Día de la Provincia de 1997 que encontramos junto al gran monumento en mármol y bronce de la Infanta Doña Isabel de Borbón de Mariano Benlliure y, por último la gran escultura "Esperma atrapado" del recordado Lauro Montero.

En la sala dedicada a la Numismática, resalta el gran templo, en mármol blanco, de Evaristo Bellotti; tradición y modernidad en una obra llena de sentido.

La exposición termina con cinco obras en la sala de la pintura del siglo XX. El enigmático bosque de Javier Buzón, la gran marina de Eduardo Sanz, la espléndida caja de lápices de colores y tizas de Adriá Pina, así como el desnudo de Rafael G. Zapatero que dialogan estéticamente con la bañista de Felipe de Abarzuza.

El Museo y la Colección de Arte de la Diputación es toda una lección de museografía; un tratado de cómo conformar una exposición colectiva, con rigor, sentido y clarividencia. Una muestra que integra la creación más inmediata en toda la realidad de la Historia del Arte. Muestra para el supremo gozo de los sentidos.

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