Lectores sin remedio por José López Romero y Ramón Clavijo Provencio.

Literatura y empresa

EL método Grönholm es una excelente obra de teatro, después versionada para el cine, en la que los personajes van poniendo al descubierto toda la mezquindad de que es capaz el ser humano cuando de la supervivencia se trata; en este caso, es la selección a la que se someten para ocupar un puesto de trabajo en una empresa. Con las cosas como están, no dudo de que ante esta misma situación más de uno sería capaz hasta de matar, aunque también hemos visto cómo otros muchos por no perder el subsidio, ni se moverían de sus cómodos, y subvencionados con los impuestos de todos, butacones. En esto de producir está el país tan necesitado que la flagrante y consentida indolencia de éstos quizá sea mucho más perjudicial que la posible violencia de aquéllos.

Por otra parte, el uso de la literatura en la publicidad no es una novedad, se pierde en la noche de los tiempos audiovisuales (de esto sabe y mucho mi amigo, antiguo alumno y magnífico profesor Jorge David Fernández, un abrazo). Pero la literatura de nuevo se convierte en noticia en el mundo empresarial con una obra de Juan Carlos Cubeiro, quien a modo de novela utiliza las obras de Shakespeare para diseñar las cualidades de un líder.

Que la literatura es rica en toda clase de materiales para uso diverso tampoco es novedad; es más, precisamente la dramaturgia del poeta inglés por la universalidad de sus personajes y por lo que éstos representan, bien pueden resistir y acomodarse a cualquier tratamiento. De la misma manera que los grandes personajes de nuestra literatura, sin necesidad de poner ejemplos que están en la mente de todos. Sin embargo, no me resisto y ya que hemos tocado el mundo laboral, a reseñar aquí cómo la literatura siempre ha dejado constancia de las malas condiciones de trabajo del campesino o del obrero, en contraposición a la avaricia del patrón o empresario.

La huelga en obras como La verdad sobre el caso Savolta  de E. Mendoza o La tribuna de la Pardo Bazán, o la jerezana La bodega de Blasco Ibáñez era el último y desesperado recurso del obrero o el campesino ante la opresión del patrón. Hoy, por desgracia, los sindicatos prefieren la subvención para ellos, el subsidio para los parados y la subida de impuestos para los trabajadores.  ¡Qué lástima de historia a cuya memoria no hacen el más mínimo honor!

José López Romero.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios