Málaga superstar, modelos para amar

EL 31 de enero de 1977 se inauguraba en el París antiguo, el Centro Georges Pompidou. Su especialísima arquitectura fue diseñada por los arquitectos Renzo Piano y Richard Rogers y su construcción levantó en la capital de Francia una polémica sólo comparable a la que aconteció cuando se levantó la Torre Eiffel. Un edificio de ultimísima arquitectura se erigía en un barrio tradicional parisino en la céntrica zona del Beaubourg. Mucha controversia pero una verdadera realidad museística, toda vez que se trata de uno de los Centros de Arte Contemporáneo más importantes del mundo, uno de los que cuenta con una colección de arte más interesante y uno de los que tienen más visitas.

La obra del Beaubourg es tan espectacular por fuera como por dentro. Esa construcción futurista, con las marcadas estructuras imponiendo una determinante potestad visual, tiene su correlación museística en una colección de casi cien mil obras que abarcan un periodo artístico que recorre desde 1905 hasta nuestros días y que conforman el más importante fondo de piezas de arte moderno y contemporáneo de toda Europa; además, posee una amplísima programación de otras actividades culturales, música, teatro, cine, performance, así como una biblioteca pública y un instituto de investigación musical.

Con objeto de abrir las actividades del Centre Georges Pompidou de París, su presidente, Alain Seban, ideó Los Centros Pompidou Provisionales, con ellos se pretendía ofrecer al público de otros países, durante varios años, en lugares ya construidos, la posibilidad de contemplar obras importantes del museo parisino. De esta manera, a finales de 2013, el Ayuntamiento de Málaga y el Centre Pompidou de París firman un acuerdo - los primeros contactos se produjeron en 2008 en las gradas del Estadio de la Rosaleda de Málaga en un partido entre las selecciones de España y Francia - para instalar en el edificio El Cubo, de los muelles 1 y 2 del puerto de Málaga la primera sede de este Centre Pompidou Provisional fuera de Francia.

Si el tejido museístico malagueño era uno de los mejores de España - por supuesto, con diferencia manifiesta, el más importante de Andalucía -, con instituciones tan significativas como el Picasso, el CACMálaga, el Carmen Thyssen, la Fundación Picasso, Casa Natal o el Museo del Patrimonio Municipal, por citar sólo los de absoluta vocación artística, ahora, con el Centro Pompidou Málaga y la Colección del Museo Ruso de San Petersburgo, se completa uno de los panoramas artísticos más importantes que uno puede imaginar y, por supuesto, desear.

El Cubo, se levanta en el muelle malagueño, en la intersección de los Paseos de los Curas y de la Farola; alberga un espacio museístico a dos alturas sobre el que se levanta el cuerpo de cristal que le da nombre. En sus salas, noventa obras importantísimas llegadas de la gran colección parisina, se presentan distribuidas en cinco partes que tienen como hilo conductor el cuerpo humano y sus infinitas circunstancias representativas. Piezas muy importantes que protagonizan páginas sublimes del arte del siglo XX y, algunas, del XXI, posibilitan el encuentro con esa plástica entusiasta que ha ocupado la creación de este pretérito cercano que ha visto cambiar los planteamientos conceptuales de lo artístico.

En la Metamorfosis, la primera serie en la que se divide esta gran exposición del Pompidou malagueño, un retrato de Picasso nos introduce en una parcela representativa que abrió cauces ilustrativos y permitió transformar la realidad de una humanidad que dejó de ser inmediata. En el Cuerpo Político la representación tradicional de la mujer es cuestionada por la mirada comprometida de una serie de artistas que asumen un nuevo concepto y una imagen desarrollada desde, también, una nueva dimensión. En el Cuerpo en Pedazos, las obras nos introducen en esa desmembración de formas que llevan a la humano a un concepto representativo nuevo donde se adoptan hasta ciertas actitudes e ilustraciones que abandonan la realidad y hasta pueden acercarse a lo sumamente transgredido. Con los Autorretratos, los artistas se adentran en una interioridad buscada desde la propia realidad inmediata para acoger una identidad superpuesta, desde una autovisión portadora de fórmulas emocionales. Por último, El Hombre sin rostro, nos sitúa en unas obras que aportan un proceso cuestionable donde la representatividad queda marcada por una identidad compleja, llena de evocaciones y propuestas que generan la máxima inquietud.

La exposición, que permanecerá en el espacio malagueño durante dos años para, más tarde, ser cambiada por otra muestra expectante llegada del centro artístico parisino, patrocina nombres de primerísima categoría - Pablo Ruiz Picasso, Ferrán García Sevilla, Giorgio De Chirico, Tony Oursler - con su pequeños cuerpos grabados con caras habladoras que inducen que a un desarrollo comunicativo lleno de expectación - , Constantin Brancusi, Antoni Tapies, Carlos Saura, Frida Khalo, Yves Tanguely, - con su enigmática máquina que posibilita un mundo lleno de sordidez y miedo - Miquel Navarro, Alberto Giacometti, Francis Bacon, Max Ernst, René Magritte, Kader Attia, Christian Boltanski - con su agobiante y envolvente espacio atestado de ropa usada - y, así, hasta casi un centenar de obras maestras de nombres importantes de la mejor plástica internacional de nuestro pasado reciente.

Desde estas páginas sólo nos queda congratularnos de poder tener en Málaga lo que actualmente existe y nombrar a dos de los principales motivadores de tanta grandeza artística, en primer lugar, por lo que significa institucionalmente, al alcalde Paco de la Torre y, para este Centro Pompidou Málaga, a su Director, el sabio y entrañable José María Luna. Por ellos y gracias a ellos, Málaga merece una visita constante. Un modelo para copiar y, sobre todo, para amar..

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