Maquillaje

Lectores sin remedio

El éxito literario de un libro viene determinado por una confluencia de factores, unos más decisivos que otros, que hace finalmente que éste acabe en manos de los lectores. En este caso nos referimos al título, diseño de la portada o los mensajes que tratan de captar a los lectores desde su solapa, entre otros. En otras épocas no tan lejanas estos aspectos eran casi despreciados, pues poco más que contaban para tener éxito el nombre del autor y, por supuesto, la bondad de su historia, que ya los críticos se encargarían de bendecir o condenar. Pero hoy día, pocos son los que despreciarían el papel de estos elementos 'secundarios', incluidos los autores consagrados, conscientes de que cada vez es más difícil abrirse paso o mantenerse en un mercado cada vez más competitivo, y donde el libro debe abrirse camino utilizando todos los recursos, incluso los aparentemente más superficiales. Pudiera parecer que esto se contradice en algunos casos, y que autores ya consagrados siguen sin necesitar este maquillaje externo para sus obras, confiando sólo en el nombre, como en tiempos pasados. Un ejemplo entre muchos: parece que no se hayan preocupado mucho de la portada de 'Némesis', la última obra de Philip Roth, y sí en cambio de destacar el nombre del autor sobre todo lo demás. Pero incluso en diseños tan simples, apenas unas manchas de color sobre las que destacan nombre y título de la obra, aparece un elemento que atrae aún más la atención del posible comprador, y lo hace de una manera irresistible, una llamativa solapa donde algunos autores consagrados como J.M. Coetzee, cantan las virtudes de la obra. Hoy día aparte de la fuerza de un nombre, no se deja nada al azar. Un libro no debe esperar el veredicto de la crítica, o de la fuerza de la campaña de presentaciones en las que se pasea al autor por tal o cual geografía. Hoy día el libro comienza a captar lectores desde que aparece en los escaparates, en los estantes de las librerías, en las portadas y páginas de las revistas literarias en papel o digitales. Y ahí se juega con todo. Confieso que no me hubiera acercado a la novela de J.M. Guelbenzu El hermano pequeño, si antes de tener alguna referencia de ella a través de la crítica, no me hubiera atraído esa portada maravillosa que reproduce la pintura Playing de party game de Jack Vettriano, independientemente de que después resultara ser una gran novela. Lo mismo me sucedió con La estrategia del agua de Lorenzo Silva, con esa deslumbrante portada reproduciendo un cuadro de Ángel Mateos Charris (ilustración). Algunas veces estos reclamos harán equivocarnos. Los impulsos, las corazonadas, tienen esos aspectos peligrosos, pero ese juego es lícito y un atractivo más para los lectores en nuestra eterna búsqueda de historias. Ramón Clavijo Provencio

Tom Drury. Ed. 451, 2011.

La literatura norteamericana mantiene desde sus mejores clásicos, desde Mark Twain pasando por William Faulkner o Carson McCullers, una corriente entre costumbrista y realista que lejos de decaer, se va intensificando y ampliando por momentos, y a la que se incorporan nuevos talentos. Este es el caso de Tom Drury, uno de los escritores actuales norteamericanos más valorados por la crítica, y su novela En el condado de Grouse. Es el relato de la vida cotidiana de un condado ficticio del medio oeste en la década de los 90, por cuyas páginas transitan personajes, algunos convertidos en tipos, entre los que destacan el sheriff Dan Norman, su mujer Louise Darling, Mary, la madre de ésta, y Tiny, el primer marido de aquella. Pequeños pueblos, pequeñas historias personales que forman un gran mosaico y ofrecen una imagen exacta de la vida de la Norteamérica profunda, en pueblos en avanzado estado de desaparición. J.L.R.

Thomas Hardy. Alianza ed., 2006.

Ya lo decía unas semanas: uno llega a ciertos libros empujado por la lectura de otros en una especie de cadena o dominó literario, que te permite descubrir autores y obras cuyo acceso o conocimiento hubiera sido a veces imposible. A Thomas Hardy me empujó La muerte viene de lejos de José Mª Guelbenzu y, curiosamente, me lo volví a encontrar en Mal de escuela de Daniel Pennac. Demasiadas casualidades para volver la espalda y echarlas al olvido. Así que me dispuse con mi primer Hardy: Tess la de los D'Urberville. Una historia truculenta, en la mejor tradición de la novela decimonónica inglesa, con Dickens como referencia inevitable. La lucha por la vida de una muchacha humilde que se ve envuelta en las desgracias propias de su estado, condición y sexo. En 1979 Roman Polanski llevó al cine esta novela con Natassia Kinski como protagonista; película galardonada con varios Óscars y otros premios de prestigio. J.L.R.

José Mateos. Pre-textos, 2011

He dejado pasar las semanas desde la aparición de este libro. Me he tomado mi tiempo para leerlo, y no por la extensión del mismo, sino porque cuando edita algo nuevo este autor tan poco prolífico, sabemos que nos va a hacer reflexionar en cada línea, en cada descripción, tras cada historia. Hay que atesorar tiempo cuando tenemos un nuevo libro de José Mateos ante nosotros, pues es imprescindible la lentitud, para no dejar pasar nada, para no perdernos nada. En cada una de las historias que nos acerca este libro, tan distintas pero tan cercanas, tan dramáticas pero a la vez tan vitalistas, he ido sintiéndome más y más implicado, para finalmente convencerme de que este no finaliza tras la última página, sino que hay un propósito más allá de los caracteres impresos en esta pequeña pieza magistral. Una vez más José Mateos no nos defrauda. R.C.P.

Javier Reverte. Círculo, 2011

Para los que sigan esta página no les llevará a sorpresa que comente un nuevo libro, el último, de Javier Reverte. Confieso mi admiración por este autor, quizás uno de los escasos y más genuinos representantes de lo que entendemos por literatura de viajes en nuestro país. Desde aquel Corazón de Ulises surgido de un viaje a través del Mediterráneo, he seguido todas y cada una de las andanzas que Reverte ha estimado oportuno trasladar al papel. Unas me han emocionado más que otras, pero en todas he encontrado el 'nervio del auténtico viajero', tan necesario para engancharte a este género. Ahora Reverte nos recrea su última aventura, aquella que le ha llevado a las aguas del Ártico siguiendo la epopeya de tantos navegantes que buscaron el mítico paso del Noroeste, ese que ahora se hace más transitable con la desaparición acelerada de los hielos, ante el empuje delcambio climático. Fascinante. R.C.P.

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