Marta Menacho, protagonista en el Guggenheim de Nueva York

Comentarios 1

DESDE hace unos años casi todo el mundo en España sabe que en Bilbao existe una joya arquitectónica que ha dado vida a toda una ciudad, el Museo Guggenheim. Quizá la historia de la Fundación Guggenheim sea menos conocida para la inmensa mayoría, aunque los amantes del arte saben que la primera sede se encuentra en la ciudad de Nueva York, fundada en los años 30 por Solomon R. Guggenheim y que, en 1959, se inauguró un espléndido edificio diseñado por el arquitecto Frank Lloyd Wright en la esquina de la calle 89 y la Quinta Avenida, frente al Central Park. Se cumplen por tanto cincuenta años de la creación de uno de los emblemas del arte contemporáneo. Entre las muchas celebraciones que conmemoran tal efemérides se encuentran, como no podía ser menos, exposiciones de todo tipo. En una de ellas interviene una jerezana, una de nuestras jóvenes artistas que están pisando con fuerza y accediendo a los máximos estamentos, esos que están llenos de artisticidad y que rompen con los moldes establecidos. Marta Menacho participa con el colectivo madrileño Luzinterruptus, un grupo compuesto por tres personas que intervienen la calle con instalaciones de luz casi siempre para hacer una crítica a su ciudad y a su política. Su obra va a ilustrar la instalación a realizar en el propio Museo Guggenheim, en la exposición colectiva 'Contemplating the Void: Interventions in the Guggenheim Museum Rotunda', comisariada por Nancy Spector y que se interesó por el grupo y los incluyó en tan significativa exposición. En ella la artista jerezana nos sitúa en la propia ambientación del Museo neoyorquino pero dotándolo de una nueva realidad, jocosa, feliz y ajena por completo a la propia circunstancia que se encierra en las famosas rampas helicoidales del edificio de Frank Lloyd Wrigth.

La obra de Marta plantea un nuevo concepto figurativo transportado desde los principios básicos de la más pura esencia representativa. La realidad ha sido desposeída de mucha hojarasca desvirtuante y para la ocasión ha llenado de ropa tendida el edificio con lo que continente y contenido acentúan una relación que ella hace íntima, necesaria y con infinitas propuestas. Sólo el desarrollo visual de una mínima situación, esos populares tendederos de ropa, manifiestan, además, el contraste que supone la seriedad inquietante y casi espiritual del propio edificio y la extraña realidad cotidiana de una ropa tendida, múltiples principios evocadores donde los esquemas básicos de la realidad patrocinan estamentos que nos llevan a un universo de bellas sugerencias.

Estamos, sin lugar a dudas, ante una joven artista que va a proporcionarnos muchos momentos de apasionante e intensa vida creativa. Nosotros nos alegramos y nos sentimos infinitamente orgullosos de todo por lo que supone para una artista joven con un horizonte lleno de expectación.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios