En Villavicencio

Mejor sólo que acompañado

A veces el directo sirve para definir en qué escalón hay que clasificar a un artista. Y es que en ocasiones lo que suena de una forma en un compacto no tiene nada que ver con lo que se puede apreciar en una actuación en vivo y más si se interpreta lo mismo. Ayer quedó de manifiesto esta circunstancia en la guitarrista Daniel Casares quien cumplió con nota en su presentación como solista en Jerez.

Su sonanta irradia frescura pero por encima de todo rebosa un estilo propio y personal que deja patente la personalidad del artista. Así se pudo comprobar en las primeras notas que el joven guitarrista desprendió en las malagueñas con las que inició su actuación.

Casares presenta un modelo actual, un arquetipo de guitarra del siglo XXI, sobrado de técnica y que intercala bien otras acepciones musicales con el flamenco. De cualquier modo, su bajañí nunca pierde lo básico y suena flamenca y gitana en muchos de sus acordes como demostró en la guajira posterior.

Siempre con el trasfondo de su nuevo disco 'Caballero' (el cuarto pese a su juventud), Daniel Casares fue gustándose cada vez más, aprovechando al máximo sus recursos y exprimiendo cada sonido en las alegrías 'La Niña de la Calle Ángel', un tema que dedicó a una amiga allí presente.

Su asignación melódica es constante y la búsqueda por encontrar un nuevo camino por recorrer también. El malagueño, que cerró su primer pase por bulerías, tiene talento suficiente para ser una figura del toque como solista y a buen seguro que dará que hablar porque aporta cosas diferentes al resto. Innova pero no reniega del pasado, pues en las bulerías resonaron sonidos propios de Diego del Gastor o rasgueos con acento jerezano, lo cual pone de manifiesto su capacidad para readaptar a su forma pasajes anteriores.

Con una ingente ovación por parte de toda la sala, la tarde dio paso al cantaor Morenito de Íllora, que comenzó su repertorio por martinetes. Al granadino se le vio nervioso desde el principio y aunque lo intentó nunca llegó a conectar con el público.

Seguidamente se metió por soleá acompañado por Dani Casares, que de esta forma volvió al escenario. El malagueño, no obstante, se olvidó de su función, que no era sino acompañar al cantaor pues ya había tenido tiempo para el protagonismo, pero no fue así y en ocasiones descentró al propio artista, que dicho sea de paso, tampoco se le vio demasiado a gusto con él, entre otras cosas por la cantidad de acordes innecesarios que empleó su acompañante.

Morenito se entregó al máximo e incluso evidenció destellos de esos que ponen el vello de punta al cantar por Alcalá aquello de 'Cuando murió la Fernanda, la puerta quedó 'cerrá', porque 'sa llevao' la llave del cante por soleá'.

El veterano artista concluyó su actuación haciendo fandangos y bulerías con claro acento 'camaronero', pero excesivamente forzados. Ya en el último tramo de su actuación, hizo subir al escenario a su hijo, Joselito Montoya, quien se atrevió con un par de letras por bulerías.

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