Metáforas de la existencia

MARÍA Ortega Estepa es una joven artista cordobesa cuyos primeros pasos expositivos, de forma individual, los dio en la sala ArteaDiario. Estábamos seguros de ella desde aquellos momentos iniciáticos en los que comenzaba una carrera con claras perspectivas y felices postulados que, entonces, se ponían de manifiesto desde una jocosa figuración llena de ironía, transgresión y simples planteamientos de una realidad que ella transformaba en festivos capítulos de una historia cotidiana muy bien ideada y, todavía mejor, llevada a cabo. Desde esta exposición en el Diario, la trayectoria de María Ortega se lanzó con intención y carácter. Los reconocimientos le llegaron en forma de becas, premios y exposiciones y su nombre empezó a aparecer en los catálogos de importancia con el arte joven como protagonista. Nosotros la hemos incluido en algunas exposiciones que hemos comisariado; la última, aquella que con el nombre de 'Sin conservantes ni colorantes', puso en escena la obra de nueve artistas andaluzas.

La obra de María Ortega está impregnada de una finísima sensibilidad, de un exquisito gusto, de una pulquérrima estructuración formal donde continente y contenido amoldan sus intereses a un único y espectacular desenlace que atrapa la mirada y se adentra por la emoción del espíritu. Esta finísima capacidad de acomodación al medio hacen de la pintura de la joven artista cordobesa un apasionante juego ilusorio donde intervienen muchos elementos hasta conformar bellísimos episodios de historias felizmente contadas.

Para esta ocasión, María Ortega sigue en esa línea donde la presencia y la ausencia, el recuerdo y la realidad, lo evidente y lo evocado diluyen sus fronteras hasta plantear una escena donde se asume un tiempo y un espacio que fue pasado y llega a convertirse en presente.

La artista desarrolla una pintura metafórica, con obras cuya ilustración oferta nuevos territorios significativos. La muestra, variada en contenido formal, nos conduce por una pintura que ha perdido bastante de la exuberancia compositiva de sus anteriores comparecencias pero que ha ganado en solvencia pictórica, ha potenciado el valor de lo esencial, ha minimizado la representación, aumentando el esquematismo ilustrativo con lo que consigue una mayor argumentación expresiva. Al mismo tiempo, María Ortega nos ofrece una serie de pequeñas obras, donde la realidad escultórica y pictórica dejan sus posiciones artísticas para ofrecer una nueva identidad a modo de bello objeto que insiste en la naturaleza del conjunto de la exposición y que rastrea, aún más, el recorrido conceptual donde la artista se sumerge para buscar sus raíces, la de los suyos y la de todo aquello que le sirve para ahondar en los pozos de la memoria.

De nuevo, María Ortega vuelve a su galería cordobesa con su feliz interpretación de esa realidad tan a lo María Ortega. Ahora ha dado un paso adelante y se ha adentrado por unas sendas de mayor enjundia artística. Sus impactantes formulaciones de antes, llenas de festivos registros, han adoptado una nueva dimensión donde la pintura adquiere un mayor estamento menos ilustrativo y más conceptual.

María Ortega es una artista siempre esperada por su trabajo sorprendente y entusiasta en todos los sentidos.

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