El Monkey Week hace de octubre, agosto

  • Calles atestadas y conciertos excelsos de Soledad Vélez, Cassettes, Grises y Ledatres

A falta de que instituciones oficiales y organización jueguen al despiste con el usual baile de cifras, ya se puede ir subrayando que lo del viernes en El Puerto fue un absoluto éxito para el Monkey Week y la propia ciudad.

Miles de personas desplazándose como enjambres inquietos de un escenario a otro, terrazas abarrotadas de gente de toda condición, hosteleros sonrientes haciendo su agosto en pleno mes de octubre, y una ocupación hotelera desproporcionada que van a obligar al actual alcalde de la ciudad a entregarles las llaves de la misma a los señores Guisado y Carreto. Además, que el Monasterio de la Victoria haya desaparecido de la ruta del mono ha beneficiado ostensiblemente el desarrollo del festival. Todos los conciertos se desarrollan dentro del casco urbano y no hay ni fugas ni despistes, de tal modo que anoche todos los bares estaban hasta la bandera de visitantes y portuenses, jóvenes y familias, talluditos desorientados y abuelos rockeros.

Ahora bien, que todos los conciertos se desarrollen en apenas un kilómetro de plazas, bares y salas también ha propiciado que algunos no demos abasto. Dios será ubicuo, no lo dudo; pero yo, no. Así que tuve que elegir, lo que siempre es incómodo, entre nombres rutilantes, promesas y realidades, obligándome a escribir una crónica (ésta que están leyendo) absolutamente parcial de la jornada del viernes.

A las seis de la tarde nos visitó desde Valencia la que, en mi particularísima y subjetivísima opinión, es el auténtico bombazo musical de esta temporada: Soledad Vélez. La terraza del bar Santa María acogió un directo delicioso en el que la chilena deslumbró con una voz, una presencia y unas composiciones que, a día de hoy, están muy por encima de cualquier otra oferta similar (Anni B Sweet o Russian Red, por ejemplo).

El grupo portuense Cassettes ('cinta en español', como clamaba el público) tomó el relevo de la chilena sobre una terraza abarrotada donde se sintieron como en casa. El cuarteto de féminas demostró que lo suyo va muy en serio a través de un concierto lleno de matices. Mientras la sala Milwaukee albergaba los conciertos de Maga y The Cornelius, la plaza de Alfonso X El Sabio se llevó la mayor parte del público, que hacia las nueve de la noche recibió como agua de mayo el concierto de los vascos Grises, una auténtica fiesta electro-pop que levantó a todos los asistentes y afiló la noche para el inmenso espectáculo de La Suite Bizarre.

A las once de la noche la primera jornada del Monkey enfiló su tramo final haciendo que muchos no supiésemos dónde meternos. Poder disfrutar a la misma hora de las cándidas y psicodélicas Prin' Lalá (que finalmente suspendieron su concierto), los geniales Hola A Todo El Mundo y la música al límite de Chiqui Fly Travel Nirvana supone una disyuntiva demasiado gruesa para cualquier aficionado a la música. Yo, como soy de piernas largas, opté por recorrer la distancia que separa el Mondongo del Mucho Teatro a una velocidad de vértigo, pillando lo que podía del concierto del portuense y los madrileños.

Ahora bien, si la psicodelia andalusí de Chiqui Fly congregó a poco público (por razones obvias: su música no es para todos), cuando intenté penetrar en la sala Mucho Teatro tuve que rendirme a una evidencia: los cuerpos sólidos no son penetrables (o no lo son habitualmente).

Finalmente, hacia las cuatro de la mañana, el público desalojó la sala en dos movimientos para guarecerse en el Mondongo y estirar la noche hasta la irrupción de los primeros rayos de sol.

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