Muere a los 97 años Mercedes Salisachs, la decana de la narrativa española

  • La escritora catalana siempre estuvo alejada del mundo literario por sus circunstancias vitales Trabajó hasta última hora para publicar un libro de reflexiones titulado 'Momentos'

"En la actualidad, hay muchos escritores que no lo son". Así se expresaba en una entrevista en 2005 la escritora Mercedes Salisachs, que falleció ayer a los 97 años. Una mujer de fuerte personalidad que hablaba sin tapujos, quien, aunque prolífica y pionera, siempre estuvo alejada del mundillo literario por sus propias circunstancias vitales.

Los 97 años que tenía la acreditaban como la escritora (Barcelona, 1916) más longeva de todo el mundo y como una autora que ha estado trabajando hasta última hora para publicar un libro de pensamientos, fragmentos y reflexiones que había titulado Momentos.

Salisachs, que ha completado una carrera literaria de casi 60 años, desde que publicó Primera mañana, última mañana, en 1955, oculta tras un seudónimo, se mostró siempre crítica con el nivel de la literatura española, con "muchos escritores que no lo son, bien porque hay mucha afición a querer escribir o porque otros les escriban libros y ellos pongan el nombre".

Si en los años de la Dictadura Salisachs se mantuvo alejada del mundillo literario, porque entonces estaba mal visto que una mujer de la burguesía industrial catalana se dedicara al arte de la escritura, siempre percibido como propio de bohemios, con la democracia mantuvo ese aislamiento, pues sus ideas conservadoras y católicas la alejaron de las nuevas generaciones emergentes.

El palacete del barcelonés paseo de Gracia en el que ha vivido Salisachs era la mejor tarjeta de presentación de su vida personal y del mundo literario que recreaba, con amplios salones, una biblioteca de película, mesas con manteles bordados, cubertería de plata y servicio doméstico con cofia.

A la tumba se lleva un gran deseo que nunca pudo ver hecho realidad: que se llevara al cine alguna de sus novelas. El productor Pepón Corominas murió de cáncer un mes después de haber decidido adaptar La gangrena, recordaba Salisachs, quien tenía a José Luis Garci como director favorito por su sensibilidad.

La autora, más valorada literariamente fuera de España que en su propio país, había sido directora editorial de Plaza y Janés y vicepresidenta del Ateneo de Madrid junto con Juan Antonio Vallejo Nájera.

Tras publicar El cuadro, confesaba que seguía escribiendo porque tenía "muchas historias que contar", e iba más lejos en su reflexión: "Sin la escritura habría enfermado, me habría encerrado en mí misma".

Ser la escritora más longeva del mundo en activo la llenaba de emoción, pero eso no impedía cierto punto de amargura, cuando decía: "En cualquier otro país sería motivo de celebración, pero aquí no soy noticia".

De hecho, aunque su obra ha sido objeto de tesis doctorales en las universidades de Málaga y Valencia, la investigación de la literatura de Salisachs ha dado más frutos en el extranjero, en la Universidad de Gante (Bélgica) y en varios centros de Estados Unidos.

Con la muerte de Salisachs, nacida en tiempos de la Primera Guerra Mundial, desaparece toda una época, un mundo condensado en dos cartas que recoge su propia página web, una de Eugenio d'Ors de 1949 y otra de 1948 de Enrique Jardiel Poncela.

Inasequible al desaliento, ni los achaques de la edad ni los accidentes domésticos la alejaron de la literatura y de la lectura diaria de la prensa, una fuente inagotable, había dicho siempre, de historias para nuevas novelas, aunque, sin duda, la mayor inspiración se la ha proporcionado su propia vida.

Es el caso de la marcha de los Reyes con la llegada de la República, que luego reflejó en Goodbye España, o la muerte de su hijo en un accidente de moto, que inspiró su obra más popular, La gangrena, con la que ganó el Premio Planeta en 1975, un longseller que aún hoy se vende en las librerías.

El presidente del Grupo Planeta, José Manuel Lara, lamentó la muerte de Salisachs, una persona que para él "ha sido mucho más que una escritora" a la vez que destacó que siempre la trató como a alguien de la familia. De hecho, fue la madrina de su fallecido hermano Fernando.

Por su parte, el poeta catalán Pere Gimferrer la definió como la "última gran superviviente" literaria de la Guerra Civil, con una obra que evolucionó "en la medida en la que lo hizo la sociedad en la que ella se enmarcaba" y concluyó que fue "testimonio y a la vez protagonista, en parte, de un cambio social que no pudo dejar de influir en su narrativa".

El ministro de Cultura, José Ignacio Wert, destacó que con la muerte de Salisachs "desaparece una figura señera de la narrativa española de la segunda mitad del siglo XX" y "una de las más distinguidas voces femeninas de nuestra literatura".

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