El Museo sigue sin un plan museológico para las visitas

  • Carece de paneles explicativos, audioguías, vídeos o un guía, excepto en las visitas concertadas

A dos meses de cumplirse un año de la última inauguración que ha vivido el Museo Litográfico (desde 1994 ha reabierto sus puertas otras dos veces más), el nuevo emplazamiento continúa sin un plan museológico. Un plan que ofrezca un recorrido comprensible para el grueso de los visitantes no expertos, más allá de la mera exposición de máquinas, piedras e instrumentos que integran el valioso legado de los hermanos Müller.

Porque un plan museológico que se precie, aparte de estar dotado de un marco temático, cronológico y geográfico, debe tener un mensaje que transmitir. Debe ofrecer una explicación razonada sobre sus colecciones; debe tener un público al que dirigirse y los canales de comunicación, difusión e información adecuados para el mismo, para lo que debe dotarse del lenguaje apropiado que transmita todo esto anterior.

En el caso del Museo Litográfico de Cádiz, el visitante, nada más pisar el equipamiento, es amablemente atendido por los operarios de conserjería, que se encargan de entregar un par de trípticos y recordar que la visita es totalmente gratuita.

En el primero de los folletos se informa al usuario del origen histórico de la litografía, cuando vino a perfeccionar el antiguo arte de la imprenta. Continúa introduciendo la posición que la ciudad ha ocupado históricamente en esta materia desde que en 1861 Jorge Wassermann fundó la Litográfica Alemana, a la que se incorporó Nicolaus Müller, que posteriormente se instaló como independiente con un taller en San Francisco. Después adquirió la prestigiosa Litográfica Alemana. Y en el segundo tríptico se hace una reseña histórica de la litografía y explica en qué consiste el proceso, la difusión y técnicas.

A partir de aquí, el usuario se las ve y se las desea para entender para qué sirven y cómo se utilizaban gran parte de los utensilios que integran el Museo. Cada máquina, cada prensa, así como muchos de los artículos auxiliares expuestos. No existe cartelería o paneles explicativos, más que la nominación y fecha a la que pertenece cada artículo o máquina pesada. Tampoco ningún vídeo explicativo o audioguías. Y, en su defecto, ningún guía de carne y hueso disponible en el espacio y que oriente al visitante que un día cualquiera decida entrar en el Museo Litográfico para ver en qué consiste y qué enseñanza práctica puede sacar en claro.

Eso sí, según informa el personal de conserjería una vez que se le pregunta, se pueden realizar visitas guiadas, aunque previamente concertadas. En este recorrido, para el que se recomienda un mínimo de diez personas y llamar una semana antes, los usuarios podrán acercarse de una forma más directa a esta valiosa exposición de utensilios, maquinaria y cartelería. Asimismo, a diferencia del día de su inauguración el pasado mes de junio, está en marcha el taller experimental de estampación y litografía que por aquel entonces se estaba montando y en el que un experto muestra al público en qué consiste esta técnica.

La cuestión es que llama poderosamente la atención que un equipamiento que ha sido revisado en continente y contenido hasta en tres ocasiones con esta última, vuelva a abrir sin un plan didáctico de difusión y comprensión.

El Museo Litográfico se articula en seis salas en un recorrido que se inicia en la primera planta y en cuya antesala, por cierto, se aprecian humedades, pese a la reciente apertura.

La primera es la sala de estampado, la segunda la de maquinaria auxiliar, a la que le sigue la destinada al arte de la litografía y la de litografía industrial. De regreso de nuevo a la planta baja el usuario se encuentra el taller experimental de estampación litográfica y el de tipografía tradicional.

Los horarios de visitas para los interesados es de martes a viernes, de 9.00 a 18.00 horas y los sábados, domingos y festivos, de 9.00 a 14.00. Y la reserva se realiza llamando al 956282663.

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