Norma Jeane es interpretable, Marilyn no

Biopic/Drama, Reino Unido/EEUU, 2011, 99 min. Dirección: Simon Curtis. Guión: Adrian Hodges. Fotografía: Ben Smithard. Montaje: Adam Recht. Música: Conrad Pope. Intérpretes: Michelle Williams, Eddie Redmayne, Julia Ormond, Kenneth Branagh. Cines: Bahía de Cádiz (Cádiz); Bahía Mar (El Puerto); Ábaco (San Fernando); Yelmo (Jerez); Cinesa (Los Barrios).

El problema más grave de esta película es que Marilyn era única. La historia, que aunque parezca increíble es verdadera, lo tiene todo para fascinar como un cuento de hadas triste. La tan aclamada interpretación de Michelle Williams como Marilyn es todo lo buena que una interpretación de Marilyn pueda ser; la de Eddie Redmayne como el joven aspirante a escritor que durante una semana es el ceniciento de esta Blancanieves fascinante y trágica que conoció más brujas -como la comisaria del Actor's Studio- y sobre todo más brujos que príncipes, transmite el conmovedor don de la juventud descubriendo la vida; Kenneth Branagh cumpliendo, aunque sólo fuera durante el rodaje, su sueño de ser Laurence Olivier ofrece un curioso espectáculo que habría fascinado a Freud; y Judi Dench o Derek Jacobi están tan inmensos como suelen. La realización debutante de Simon Curtis (debutante en cine: tiene una larga trayectoria televisiva), aunque superficial, es correcta. Pero Marilyn era única. Y eso no tiene remedio.

Era única no sólo por su rostro, que el maquillaje imita bien aprovechando las facciones de la Williams; no sólo por su cuerpo, que su doble luce con gracia; no sólo por su voz, chiquita pero de terciopelo; no sólo por sus innegables dotes de actriz, a pesar de ella misma y del método de Strasberg. Sino por la conjunción de todo ello. Y porque esta conjunción se produjera en los años 50. Norma Jean fue Marylyn Monroe gracias a los fotógrafos y cineastas de la época; gracias a Billy Wilder, Eve Arnold, Joshua Logan, Richard Avedon, John Huston, Philippe Halsman, Joseph L. Mankiewicz, Bruce Davidson, Howard Hawks, Bob Henriques, Henry Hathaway, Inge Morath, Jean Negulesco, Erich Hartmann, George Cukor o Cecil Beaton. Ellos, fotografiándola o filmándola, crearon a Marilyn Monroe. Y el sistema de los estudios en su agonía -20th Century Fox sobre todo- fue la atmósfera en la que esta fabulosa criatura pudo respirar.

Tal vez el error de Simon Curtis haya sido intentar recrear también a Marilyn -la estrella, ser mitológico hecho de carne y celuloide- en vez de limitarse a filmar a Norma Jeane Baker, la mujer real escondida o s epultada tras o bajo Marilyn. Norma Jeane, que era Marilyn fuera de la pantalla y del guión que escribieron también para sus apariciones públicas, es interpretable por una buena actriz. Marilyn, que era Norma Jeane reinventada por los estudios y recreada por los realizadores ante las cámaras y ante el público- es inimitable. Por eso Norma Jeane nació en 1926 y murió en 1962, mientras que Marilyn vive no sólo en sus películas, como todas las actrices, sino en la cultura popular y el imaginario colectivo.

Desde el principio de la película la recreación de Marilyn suena a programa televisivo de imitadores, mientras que cuando tras ella aparece Norma Jeane -siempre perseguida por su desdoblamiento en Marilyn- la historia (y con ella la interpretación de Michelle Williams) coge fuerza dramática y verdad humana. Lo demuestra la autenticidad del gesto de Michelle Williams en su primera aparición como la mujer Norma Jeane -cuando el joven irrumpe en su camerino sorprendiendo su expresión triste y cansada-, frente al aire de imitación de sus apariciones anteriores como la estrella Marilyn.

También sus dudas y miedos durante los rodajes tienen verdad humana.

La anécdota del rodaje de El príncipe y la corista añade sabroso cotilleo cinematográfico. La historia de la relación imposible, más allá de los límites marcados por la reconversión de la mujer en estrella, entre la actriz y el joven escritor tiene la poesía de los cuentos (sobre todo cuando suena Las hojas muertas). Pero, además de por la ligereza de estilo del realizador, el conjunto no acaba de funcionar. Mailyn no puede ser interpretada. Eso sí, hay que agradecer la representación de Paula Strasberg como la bruja que fue.

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