Nostalgia y consumo generacional

Animación, EEUU, 1994/2011, 90 min. Dirección: Rob Minkoff y Roger Allers. Guión: Irene Mecchi, Jonathan Roberts, Linda Woolverton. Música: Hans Zimmer. Canciones: Elton John y Tim Rice. Cines: El Centro, Bahía de Cádiz, Bahía Mar, Ábaco San Fernando, Al Andalus, Victoria, Multicines Jerez, yelmo, Abaco Jerez, Cinesa Los Barrios.

En una reciente encuesta casera sin validez alguna aunque con indudable interés para mi propósito, una buena parte de mis alumnos de Historia del Cine Universal en la Facultad de Comunicación Audiovisual coincidía en señalar a El Rey León como la película que marcó su infancia, respuesta que ilustra, aunque sea de forma anecdótica, la relación entre el cine y esta generación que ronda hoy los 20-25 años y que pertenece ya de pleno derecho a la era del audiovisual digital crossmedia, las multipantallas, internet, los videojuegos, las redes sociales o el consumo individual de imágenes que define esta época en la que el cine ya ha dejado de ser el centro referencial de la cultura de masas.

No ha de extrañar por tanto que, más allá de las lógicas operaciones de mercadotecnia camufladas de "versión definitiva y remasterizada digitalmente en alta definición" o "ahora en 3D" que dirigen hoy cualquier repesca del fondo de catálogo, sea precisamente ésta y no otra la película elegida por Disney para estimular el consumo y la nostalgia por los modos clásicos y artesanales de la animación infantil analógica auspiciada bajo el manto protector de los relatos y arquetipos clásicos (algo así como un Shakespeare en la jungla antropomórfica en versión musical) de vocación universal y mensaje familiar que, entre otras cosas, han hecho de El Rey León una de las franquicias más exitosas y longevas (véanse los musicales por doquier) de toda su era moderna.

Así las cosas, esta flamante nueva copia, plena de color, matices, oscuridad y ternura a partes iguales y discreta tridimensional añadida, confirma la excelencia de una manera de entender el oficio de la animación que Disney iba a abandonar poco después (apenas Pocahontas y El jorobado de Notre Dame mantendrían aún el tirón, mientras que los Hércules, Tarzán o Mulan posteriores caducaban casi al instante), cuando la irrupción de Pixar, Toy Story (1995) y su nueva estética digital fotorrealista cambiaron para siempre el concepto, el tono y la superficie de la animación comercial infantil en el cine contemporáneo.

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