Obesidad: epidemia del siglo XXI

  • La Academia, hoy

Hubo que esperar hasta el año 1999 para que se publicara la Declaración de Milán, en la que los países pertenecientes a la Unión Europea asumieron que la Obesidad constituye un trastorno básico a partir del que se desarrollan comorbilidades de todo tipo (cardiacas, reumatológicas, digestivas, endocrinas, etc.). En 2002, la Organización Mundial de la Salud, en su resolución WHA 55.23, desarrolló la Estrategia Mundial sobre Régimen Alimentario, Actividad Física, y Salud, que fue aprobada por los estados miembros en mayo de 2004 (Resolución WHA 57.17), momento en el que se etiquetó a la Obesidad como "epidemia del siglo XXI".

En España, en enero de 2004, se comenzó a elaborar, por consenso entre la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) un libro, documento básico, titulado Nutrición, Actividad Física, y Prevención de la Obesidad: Estrategia NAOS en el que se plasmó una serie de mecanismos que contribuyeran a la prevención de la Obesidad. Este libro fue presentado en febrero de 2005 por el Ministerio de Sanidad y Consumo, el cual asumió su desarrollo a través de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria. A partir de ese momento es responsabilidad del Ministerio su implementación y desarrollo en las diferentes Comunidades Autónomas.

Pero para llegar a este punto, convendría hacer un repaso de la consideración que ha tenido la Obesidad a lo largo de la historia del hombre. Ya Hipócrates en sus aforismos decía que "los hombres obesos corren mayor peligro de morir súbitamente que los flacos" o que "las personas que son naturalmente muy gordas son propensas a morir antes que las que son delgadas". Don Gregorio Marañón en 1926 publicó su libro Gordos y flacos en el que hacía la siguiente reflexión: "La palabra gordo resume multitud de conceptos de herencia, de costumbres, de modalidades de la sensibilidad y de la inteligencia". No obstante, estos comentarios y otros muchos que a lo largo de la historia de la medicina hemos podido recabar, el interés científico por la Obesidad no ha sido importante, siendo esta patología prácticamente la única en la que, hasta ahora, el tratamiento recae exclusivamente sobre el paciente sin ningún tipo de ayuda suplementaria.

Posiblemente esto sea debido a que hasta la década de los 90 no han aparecido descubrimientos básicos en la fisiopatología y la genética de este trastorno y como consecuencia, no han surgido fármacos importantes para su tratamiento.

Últimamente y tras el descubrimiento de hormonas como la Leptina, Adiponectina, y neurotransmisores como el Neuropéptido Y (por citar los más importantes), el interés por esta patología ha crecido y como consecuencia, se han desarrollado fármacos como el Orlistat, la Sibutramina y el Rimonabant (ya en el mercado) y otros en desarrollo como el Tanabanant. Todos ellos vienen a complementar los dos pilares básicos para el tratamiento de la Obesidad establecida que son la Actividad Física y la Alimentación.

Pero, posiblemente el reto más importante que tienen las sociedades de los países industrializados es la Prevención. Teniendo en cuenta la modificación del ocio y de los hábitos dietéticos con el acceso a alimentos de alta densidad energética y al sedentarismo, es prioritario actuar antes de que se desarrolle la Obesidad, sobre todo en los repuntes de la segunda infancia y la adolescencia pues los adolescentes obesos serán los que desarrollen enfermedades metabólicas como la Diabetes Mellitus Tipo 2 en la década de los treinta. Si hoy sabemos que esta enfermedad es la primera causa de infartos de miocardio, ceguera e insuficiencia renal, estamos ante un reto importantísimo no sólo para las futuras generaciones sino para la sociedad actual.

No hay que olvidar que la prevalencia de la Obesidad en el adulto en España en la actualidad ya es de un 14,5%. Si a esto sumamos el Sobrepeso (banda en la que ya empiezan a aparecer comorbilidades), el porcentaje ronda el 53,5% de la población española.

El problema es de tal envergadura que la SEEDO en la Declaración de Zaragoza en octubre de 2007 establece un decálogo en el que pretende una serie de objetivos (concienciación social, dotación de instrumentos básicos en las consultas para su diagnóstico, prevención en infancia y adolescencia y otros grupos de riesgo, creación de Unidades funcionales de Obesidad en Atención Especializada, financiación de fármacos con nivel de evidencia A en algunos casos, vigilancia por parte de la Administración pública de los tratamientos sin adecuado respaldo científico contrastado, etc.).

De todo esto, se hablará en el acto que se celebrará en la Academia de San Dionisio. Como hemos podido observar, se ha recorrido un largo camino desde las primeras observaciones de Hipócrates hasta nuestro tiempo y aún nos queda mucho. Parafraseando a ese andaluz universal que fue Don Antonio Machado, "caminante, no hay camino,/se hace camino al andar".

Carlos Martín Pérez

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