Oro negro y puro

  • El Alabama Gospel Choir dio en el Villamarta un fantástico recital de música religiosa al que le faltó la guinda del público

Es mucho más complicado escribir una crónica con el recuerdo de un patio de butacas desierto que con un teatro lleno hasta la bandera. Créanme que la cosa cambia dependiendo de estas circunstancias. Verán. Las sensaciones son diferentes. El ambiente frío de una entrada tan flojísima como la del pasado jueves hace que la conexión escenario-público se trabe por mor de eso. El artista puede -como fue el caso del coro de gospel- vaciarse hasta la extenuación, entregarse y dar lo mejor de sí, pero si el público no sólo no es numeroso sino que es casi inexistente, todo aplauso, toda ovación se queda en un eco lejano, gélido y hasta frustrante.

No sé exactamente a qué pudo deberse la espantada. Imagino que es una suma de muchas cosas: los precios (algo más baratos, eso sí, que el resto de bolos de Promoconcert), entre 25 y 19 euros, la hora, el día, el frío, y las compras navideñas, tal vez modestas o escasitas por lo de la crisis, pero compras que hay que hacer al fin y al cabo. De una manera o de otra, la cuestión es que el patio de butacas del Villamarta estuvo tristón y sombrío.

Por el contrario a todas esta consideraciones, estuvieron los extraordinarios cantantes del coro norteamericano. No hubo casi tiempo para sentarse en la localidad cuando los dieciséis cantantes batían palmas, se empleaban a fondo con 'The Harvest' o 'On my way', y nos ponían las pilas.

Tiene el gospel a pesar de su larga historia, (la música nació en las iglesias afroamericanas en el siglo XII), una calidad vocal y una fuerza que rompe fronteras, hace llegar su mensaje de paz y de amor, y logra que, sólo con un piano, el escenario se llene de ritmo y de alegría.

Para esta gira que continuará en Zaragoza, el Alabama Gospel Choir contó con la presencia de los Woods Brothers, Johnny Saunders, y Francine Murphy, todos ellos nominados a los premios Grammy de este año que ya se termina.

Fue un verdadero lujo contar con este espectáculo donde cada uno de los componentes del coro tuvieron su momento para actuar el solitario. Y ninguno, absolutamente ninguno de ellos desentonó con el resto de compañeros de escenario. Funky, soul, y, por supuesto, la música religiosa, espiritual negra conformaron las dos horas que duró el espectáculo.

No fuimos muchos, ya lo decía al principio, pero los que estuvimos en el Villamarta el jueves disfrutamos enormemente y logramos, a pesar de tanta butaca vacía, dar la ovación que el coro merecía.

Ellos, sin perder la sonrisa, ni esa esperanza de las que nos hablaron sus canciones (la presentación de uno de los temas incluso hizo alusión a los nuevos tiempos con Obama), agradecieron los aplausos y se retiraron satisfechos hacia los camerinos.

El trimestre en el Villamarta se cierra por ahora. Anoche actuó la Orquesta Barroca de Sevilla, pero no será hasta el dos de enero cuando se suba de nuevo el telón para la puesta en escena de 'El lago de los cisnes'. Felices fiestas, pues, a todos, y hasta entonces.

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