Y el Oscar es para... la nostalgia

  • 'The Artist', con cinco estatuillas en las principales categorías, y 'La invención de Hugo', con otras tantas pero más técnicas, triunfan en una edición previsible en la que la industria se quiso deleitar en sus propios orígenes

Los Oscar han cerrado un círculo: empezaron premiando una película muda en 1929, Wings, y en la madrugada del domingo al lunes volvieron a hacerlo con The Artist en una gala claramente retrospectiva, presentada por Billy Crystal y con premiados ya de leyenda como Meryl Streep y Christopher Plummer. El mensaje era claro ya desde las nominaciones: si la moda vio hace tiempo que lo vintage podía ser lo más vanguardista, el cine ha tardado hasta esta edición de los Oscar para intentar hacerlo oficial. Dos homenajes a los orígenes del cine se repartieron el pastel de Hollywood, pues en empate numérico con The Artist, La invención de Hugo, de Martin Scorsese, se llevaba cinco premios, casi todos ellos de carácter técnico.

Con el inestimable empujón del magnate Harvey Weinstein, productor y verdadero poder en la sombra de Hollywood, The Artist fue indiscutiblemente la gran triunfadora de esta edición, al ganar los principales premios, pero hizo incluso algo más que ser la gran triunfadora: batió el récord de galardones para Francia y fue la primera en lograr el de mejor película sin estar rodada en inglés. Batió esa clase de récords tan queridos por la industria, con los que saca músculo. Lo cierto es que, independientemente de la valía artística del filme, éste ha conseguido marcas difíciles, casi imposibles, de igualar, pues la nueva aclamación en Los Ángeles no fue sino el broche de oro a una carrera, en este sentido, imperial: el César, el Bafta, el Globo de Oro, el Independent Spirit y ahora cinco Oscar.

Billy Crystal, el mejor presentador vivo de esta ceremonia, repetía por novena vez y no renunciaba a su lengua viperina -lanzando dardos incluso contra el discurso oficial de la Academia- pero a su vez presentaba vídeos sobre lo emocionante que es descubrir el cine. Y no de cualquier manera: en pantalla grande, que para eso son también los premios de la industria.

Meryl Streep, otro rostro inamovible de toda ceremonia de los Oscar que se precie, subía por fin después de 30 años otra vez a por un premio. "Puedo oír a medio Estados Unidos diciendo: Oh no, otra vez ella'", bromeaba la ganadora. Y pasaba rápidamente a lo sentimental para dedicar a su marido su premio a la mejor interpretación femenina por su papel en The Iron Lady (La Dama de Hierro), donde se mete en la piel de la antigua primer ministra británica Margaret Thatcher.

Christopher Plummer desbancó a Jessica Tandy como el actor de mayor edad jamás premiado -tiene 82 años-. Con esa elegancia que le hizo célebre como el Capitán von Trapp de Sonrisas y lágrimas, dedicó su galardón al mejor actor de reparto por Begginers a su esposa. "Merece el premio Nobel de la Paz por rescatarme cada día". En esta categoría, la ganadora femenina fue Octavia Spencer, por su papel de criada malhumorada y entrañable en Criadas y señoras. Era un premio bastante cantado, pero aun así la actriz negra de 39 años apenas atinó a decir entre lágrimas: "Lo siento, estoy muy impactada. Lo siento, les quiero", protagonizando uno de los momentos más emotivos, con gran parte del auditorio en pie para ovacionarla.

Más miradas a lo clásico y familiar: Michel Hazanavicius, además de mandar a sus hijos a dormir si estaban viendo la televisión en París, donde eran las seis de la mañana, agradeció tres veces a Billy Wilder su influencia sobre él, al más puro estilo de Fernando Trueba, que no tuvo opción de subir al escenario por su Chico & Rita firmado junto a Mariscal.

The Artist había hecho algo completamente inédito, eso sí, al abrir la veda al cine no anglosajón, que nunca había ganado en los Oscar, aunque con el atenuante de que su película era la única de las nueve finalistas en estar íntegramente rodada en Los Angeles. Eso sí, Jean Dujardin, ganador de la estatuilla al mejor actor por este filme, se despachaba diciendo que si su personaje, Geroge Valentin, hablara diría... gracias en francés.

Con el sincopado ritmo de la televisión, que después de eliminar años anteriores los Oscar honoríficos arrasaron con los números musicales, el único espectáculo vistoso fue el del Circo del Sol con música de Danny Elfmann, pero no se pudo ver ni la samba de Carlinhos Brown y Sergio Mendes ni la canción ganadora, Man or Muppet, escrita por Bret McKenzie para Los Muppets. Y con las medidas de seguridad cada vez más reforzadas y con la emisión totalmente controlada, la cuota de la incorrección política guionizada se la llevaron las protagonistas de La boda de mi mejor amiga, que se bebieron un chupito en pleno escenario, pero la gala no pudo evitar un tono rutinario y previsible.

Una de las bromas más repetidas por Billy Crystal fue hacia el Kodak Theatre, que este año fue un auditorio de marca blanca debido a la quiebra de la compañía -y allí no hubo nostalgia por lo analógico que valiera- y al que se referían como auditorio Hollywood y Highland.

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