Pájaro levanta el vuelo

  • Andrés Herrera, guitarrista de largo recorrido e integrante de aquellos Sacramento de Silvio, debuta en solitario con el álbum 'Santa Leone'l 'Santa Leone' se edita en marzo. El 8 de ese mes se presenta en La Caja Negra (Sevilla) y el próximo día 22 en la Sala El Sol (Madrid).

"Lo de este disco han sido ganas de hacer música, algo que nos apetecía. Eso y dar con la gente adecuada en el momento oportuno", apunta Andrés Herrera Pájaro (Sevilla, 1963) al respecto de Santa Leone, el álbum con el que vuelve a la actividad discográfica tras no pocos años de invisibilidad.

Guitarrista de largo recorrido, integrante de aquellos Sacramento que flanquearon a Silvio durante la etapa musical dorada del singular cantante sevillano, Pájaro no colgó el instrumento, "pero al ser menos conocido como solista, apenas se escuchó hablar de mí. Aunque no he parado de tocar. Con Pepe Begines, por ejemplo", dice documentando ese periodo de ocultación.

La gente adecuada incluye, entre otros, a los integrantes de la banda que Andrés montó hace cuatro años "para tocar en La Caja Negra canciones de Silvio y algo que nunca antes había hecho: temas propios". En ella figuran el bajista Pepe Frías (sustituido en la grabación por el contrabajista Rafa Torres), el teclista Julián Maeso y el baterista Roque Torralba. Pero hay más gente... "Todo esto, es la verdad, salió de Raúl Fernández, que de un día para otro me dijo: Pájaro, tío, hacemos cosas entre canción y canción, improvisando, que si las ensayáramos podríamos grabar un buen disco", explica en referencia a su compadre Raúl, músico y productor cuyo impulso puso en pie esta aventura hace ahora un año. "Raúl era además quien conocía a los de Happy Place Records -abunda Pájaro-. Así que formamos el equipo y empezamos a trabajar en el disco".

Happy Place es la discográfica local que pone en circulación Santa Leone, y a ella está vinculado otro personaje clave en este proyecto, el guitarrista Paco Lamato (Tarik y la Fábrica de Colores, Bikini Red...), que ha sabido dar coherencia sonora al variopinto universo estilístico en el que se mueve Pájaro. "Es un máquina -asegura-. Tanto él como Raúl lo tenían muy claro, y eso se nota en el disco, porque hemos sumado la experiencia y el oficio de cada uno".

Pero Santa Leone no sólo suma experiencias individuales; antes, condensa en un todo sorprendentemente equilibrado los diversos y muy distintos referentes musicales que formaron el gusto de Andrés, algunos de ellos, sin duda, reforzados tras su paso por Sacramento. "Mi padre era proyeccionista y desde que tenía siete u ocho años me llevaba con él al cine -evoca con cariño-. Me tragaba todas las películas y, por supuesto, todas las bandas sonoras".

De aquella época le queda el eco del spaghetti western, audible, entre otros, en el tema que da título al álbum. Aunque con Silvio, amén de amistad, compartía otra debilidad sonora con coartada antropológica. "Lo de la Semana Santa también me viene por mi padre -explica-. En aquella época, en Sevilla, la música en directo era la música de Semana Santa. Te encontrabas una banda en cualquier sitio. Y a mi padre le gustaba que le silbara las marchas. No sé si de ahí vendrá lo de Pájaro, por lo de silbar... Lo que hago hoy no es más que una prolongación, pero con banda, de lo que hacía para mi padre todos los domingos cuando era pequeño".

Quien firma fue testigo hace años, y en más de una ocasión, de esa inclinación de Andrés por recrear desde la eléctrica sus marchas procesionales favoritas. Y en Santa Leone no sólo versiona Ione, sino que también ficha a un cornetista -Quini, solista de la banda de la Tres Caídas- para mezclar ambas pasiones, spaghetti western y cofradías -surf cofrade, lo denominan con evidente guasa en Happy Place-, en cortes que llamarán la atención a los gourmets de rarezas musicales.

Le recuerdo, en un registro distinto, el caso de Orthodox, otra banda local capaz de asimilar y digerir el mismo poso en discos, entre otros, como Gran Poder... ¡Y los conoce! "Son de una generación distinta -comenta-, pero les pasaría lo mismo que a mí. En Sevilla hay cosas que cambian poco. Cualquier padre coge a su hijo y le enseña lo que ha visto desde chico. Y no lo hace con ánimo de que al día siguiente le bese la mano al Papa. Si nos ponemos a analizar eso de unos tíos vestidos de militar, tocando una música dedicada a la Virgen o al Señor, y que en vez de ser una música agresiva es todo lo contrario, la más pacífica y bonita que has escuchado en tu vida... Entonces todo eso adquiere una connotación diferente. Es lo mismo que ocurre aquí con la copla. Si te pones a hacer la comida o a tender y escuchas a siete u ocho pedazos de cantantes tendiendo la ropa... ¿Cómo no se te va a quedar? Pues lo mismo pasa con lo otro: vas por la calle cualquier día del año y te encuentras a una banda de Semana Santa ensayando. Si tienes un poquito de corazón, lo escuchas y dices qué bonito".

En Santa Leone, varias versiones de Silvio alternan el paso con los temas propios de Andrés -amén de guitarrista fino, destapándose como un cantante algo más que cumplidor: "Me vi todas las pelis de Elvis, así que pongo la voz un poquito..."- y una sucesión de colaboradores que incluye al extremeño Gecko Turner, al sevillano Raimundo Amador -compositor de la maravilla que cierra el disco, Palo Santo- y al hispalense de adopción Diego Fuentes Dogo, como el propio Pájaro, afortunado superviviente de una misma batalla y con similares cicatrices. "Dogo hizo en principio la letra -Hay selecta reunión / en la candela del bidón..., arranca Dogo's Walk-, pero yo veía que eso lo tenía que cantar él, porque era algo muy especial... Es... brutal", se queda pensando Andrés.

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