Película apetitosa con guarnición de la gran Catherine Frot

Comedia, Francia, 2012, 95 min. Dirección: Christian Vincent. Guión: Christian Vincent, Etienne Comar. Fotografía: Laurent Dailland. Música: Gabriel Yared. Intérpretes: Catherine Frot, Arthur Dupont, Jean d'Ormesson, Hippolyte Girardot, Jean-Marc Roulot.

Cuando declinó la era de los autores que tanta gloria (y también popularidad) le había dado, el cine francés cultivó con inteligencia el cine comercial para competir con el gigante americano. Siempre lo había hecho con habilidad. Las estrellas del realismo poético de los años 30 o de la Nueva Ola de los 60 interpretaban también películas comerciales de inmenso éxito popular. La difícil situación de los cines europeos tras el ocaso de la edad de oro de los autores espoleó aún más esta habilidad para competir en taquilla. Y cada temporada unas cuantas películas francesas encabezan la listas de las más taquilleras.

La cocinera del presidente pertenece a este filón comercial, vertiente amable. La vida de una mujer sencilla y de gran carácter que se hace cargo de los fogones y la mesa del presidente de Francia ofrece todo lo que pueda divertir al espectador francés (fisgonear por las cocinas del Elíseo y la vida privada del presidente) a la vez que atraer al espectador extranjero, que identifica a Francia con la gastronomía en mucha mayor medida que con Montaigne o Pascal.

Fantástica primera idea de guión: arrancar del lugar que menos podría imaginar quien vaya a ver una película sobre la cocinera del presidente francés, para contar después qué ha llevado a esta mujer desde el Elíseo hasta la Antártida. Segundo acierto de guión: la construcción del personaje de la cocinera -inspirado en una personalidad real- que suscita admiración por su energía y simpatía por su sencillez que no se arruga ante los boatos presidenciales. Es más, los vence arrastrando al mismísimo presidente hasta las cocinas. Segundo acierto de guión: esta mujer sobria y severa de recóndita sensibilidad y vulnerabilidad lleva a la mesa del presidente lo que él desea, la mejor, más tradicional y gloriosamente simple cocina francesa, muy lejos de las sofisticaciones de la nouvelle cuisine. A la vez que resulta una presencia no tan grata en un universo que, si en lo doméstico era el destino de las mujeres, en los lugares profesionalmente prestigiosos está dominado por los hombres.

El cuarto acierto, ya no de guión, es la magnífica interpretación de la veterana Catherine Frot, grandísima actriz teatral que se convierte en el eje, centro y vida toda de una más que correcta película a la que tampoco le faltan otros atractivos. A los que hay que sumar una elegante banda sonora de Gabriel Yared. Elegancia e inteligencia son dos palabras que le sientan bien a La cocinera del presidente. Una película apetitosa que se engalana con platos tan lujosamente sólidos que necesariamente dan envidia y hambre.

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