Perera, más allá de lo imposible, herido muy grave y triunfante

  • El matador extremeño salda con dos cornadas y tres orejas, su actuación en solitario en Las Ventas, demostrando su poderío pese a quedar fuera de combate

No regateó Perera el esfuerzo en el primero, manso a más no poder y en el límite de la invalidez, que se negaba a dar la cara. Quiso tanto Perera que se obró el milagro de una tanda de naturales lentos y templados, magníficamente ligados. Y la estocada, por arriba y sin puntilla.

También en el segundo floreció pronto el buen toreo, en un quite por faroles invertidos con gaonera. Torería en las probaturas con la muleta, y secuencias de mucho empaque, como un cambio por detrás hilvanado a un desmayado. Y el aguante en el toreo por la derecha cuando más soplaba el viento, obligado a estar más pendiente si cabe de la muleta que volaba que del toro. Perera tragó mucho en éste. Y atacó otra vez con la espada como un cañón, saliendo cogido. Pasó por primera vez a la enfermería, interrumpiéndose el festejo unos minutos.

"Sin anestesia, ni siquiera un calmante", explicó el doctor García Padrós, se dejó curar, volviendo al ruedo muy motivado. Y la faena al tercero fue más uniforme, con más ritmo y unidad, llevándole muy tapado, obligándole a alargar los viajes, mientras le acompañaba con la cintura hasta el final de unos muletazos increíblemente largos, hondos y pausados. El toro, bravito, tuvo sus complicaciones, pero Perera le cogió el punto ideal. Tan a gusto toreaba que sonó un aviso antes de montar la espada, por cierto, otro espadazo por arriba. Y van tres en tres. Y primera oreja.

El segundo trofeo, del quinto, fue premio al valor. Faena de extraordinaria naturalidad y aplomo, otra vez de mucho aguante para terminar pisando terrenos inverosímiles. Emotivo arrimón, con final por ajustadísimas bernadinas. Aviso mientras toreaba y estocada que no falla. Cortó oreja y jugó sucio el presidente guardándose el pañuelo hasta el final para no dar la segunda.

El saludo capotero al quinto, por finos delantales, fue muy solemne. En ese aire quiso abrir faena de muleta, cuando en el segundo estatuario, el viento y el toro al cincuenta por ciento, se lo llevaron por delante. Se vio que era grave. Pero Perera quería quitar importancia, resistiéndose a entrar en la enfermería, mientras sangraba abundantemente. Un torniquete aplicado allí mismo con un corbatín amortiguó la hemorragia. No era suficiente. No dejaba de manar sangre.

Triunfo a sangre y fuego. Perera siguió toreando. Lección de arrojo, pundonor, temeridad y torería, que se vivió en el tendido con satisfacción y congoja. Emoción desbordada cuando por fin dio muerte al toro. Otra estocada, la quinta de cinco. Perera recogió la oreja antes de marcharse por su pie a la enfermería. Estaba herido muy grave. Pero triunfante, conforme se había propuesto.

Ya tiene todos los récords, pero, como se ha demostrado ayer, su ambición torera sigue sin límite. A Miguel Ángel Perera, el torero que más triunfos de Puerta Grande ha encadenado en una temporada, le motivaba mucho el gesto de encerrarse con seis toros, y en la plaza más importante del mundo, la plaza de toros de Las Ventas. Todo un gesto.

Y no iba a quedar ahí la cosa. Del gesto a la gesta. Perera buscó el triunfo a sangre y fuego, superando todos los límites y en todos los órdenes. /J.M.N.

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