Perfección y originalidad

  • Ramón Oller lleva al Teatro Villamarta su propia versión de 'Carmen' y cautiva al público con una escenografía para soñar

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Aunque es difícil definir con palabras el magnífico espectáculo que pudimos disfrutar, perfección y originalidad serían los términos que mejor describirían la obra. No la perfección del que sabe hacer las cosas bien, sino la increíble calidez de verse atrapado en la historia, dejando que el público se identificase con cualquiera de los personajes. Una explosión de movimientos envolventes y continuos desde el principio al final que no puede dejarnos indiferentes. Es como si al comienzo de la obra empezásemos a tirar del hilo suelto de un jersey de lana y, sin nudos, ni pausas, consiguiéramos deshacerlo hasta el final, con nuestra Carmen muerta bajo el agua.

Desde la azotea de la fábrica de tabacos, Ramón Oller sorprende con una estética muy personal e innovadora, llenando todo un espacio que parece estar al servicio de unos fabulosos bailarines que en manos de Oller son capaces de reflejar todos los sentimientos que rodean a Carmen. Una escenografía que crea a lo largo de la obra lugares para amar, pelear, reír, soñar y morir. En un solo acto y con el mismo decorado se suceden las distintas escenas que derrochan imaginación y plasticidad. Al utilizar metafóricamente el abanico como cuchillo y el mantón como capote sigue añadiendo originalidad y elegancia .Todos los elementos de esta obra se hallan cuidadosamente entrelazados y a pesar de ser dispares crean un todo indivisible y completo, dejando en el espectador una sensación increíble.

Nada que corregir, nada que cambiar, nada que echar en falta; tan sólo agradecer un trabajo tan brillante. Es un regalo para los que entendemos la danza como una manera de expresión teatral.

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