Plagiando que es gerundio

Drama, EEUU, 2012, 94 min. Dirección y guion: Brian Klugman, Lee Sternthal. Fotografía: Antonio Calvache. Música: Marcelo Zarvos. Intérpretes: Bradley Cooper, Zoe Saldana, Jeremy Irons, Dennis Quaid, Olivia Wilde, J.K. Simmons, Ben Barnes. Cines: Bahía de Cádiz, Yelmo Jerez.

Puede que a Ana Rosa Quintana no le traiga buenos recuerdos ver una película como El ladrón de palabras. En su formato de triste telefilme de media tarde atiborrado de música, la cinta de Klugman y Sternthal trata de cómo un aspirante a escritor, otro más en las últimas semanas de estrenos, hace carrera fusilando impíamente una novela encontrada en una vieja cartera. No obstante, esta historia está dentro de otra (un escritor de éxito lee en público fragmentos de su última novela) y contiene otra más dentro (un romance truncado ambientado en París tras la IIGM), tal es el barato juego austeriano de la propuesta.

En fin, que tenemos esta estructura triple de muñecas rusas ideal para narratólogos que sirve de bien poco si de lo que se trata es de reflejar el mundillo de la literatura más allá de unos clichés que rozan la parodia o de explicar la dificultad del proceso creativo con algo que no sean estampas del escritor sufriente sentado delante del ordenador con la pantalla en blanco, no digamos ya para sondear los abismos del alma ante la culpa.

El geyperman Bradley Cooper pasea modelitos casual por Central Park mientras que los veteranos Dennis Quaid y Jeremy Irons intentan capear el temporal de la vergüenza ajena bajo toneladas de bótox y/o látex. La cosa, además, tiene su mensaje: la mejor literatura siempre sale de la experiencia más honda, sincera y personal (sic) y todo plagio (o pecado) siempre puede expiarse con un puñado de dólares o con un simple "lo siento mucho, me he equivocao, no volverá a ocurrir".

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