Pobres payasos pobres

Como manjar milagroso, enviado por los Ulen a modo de escarcha para alimentar al pueblo de Israel en el desierto, ha vuelto Maná, Maná después de doce años de mutación transgénica en su fábrica de sueños hispalense.

El líquido corrosivo y azucarado que fluye espontáneamente de estos clowns de la escuela de Fli, ligeramente purgante, algo atomizado, pero a la vez descaradamente irreverente y transgresor, no deja indiferente a nadie. Maná, Maná regresa con la fuerza de su verdad, la denuncia social como estilete y la disección pormenorizada de la doble moral humana en clara y fragante recesión.

Mosta, Lombri y Morci tres vagabundos que rebuscan en un contenedor y se abrigan con cartones, mal duermen prietos en un banco y se intercambian el poco cariño que les queda. El espectáculo arranca risotadas casi constantes al tiempo que abraza reflexiones de esas que escuecen en lo más profundo de la conciencia, cumpliendo así la obligación de todo buen bufón.

Debajo del cartel anunciador de "El Edén - Resort" la urbanización que te vende el paraíso del todo incluido, en un arrabal de cualquier ciudad del mundo, matan a la rata Sofía y acaban con la Monarquía, gritando a quien quiera oírles que el hambre justifica cualquier revolución cuando los niños se alimentan solamente de lágrimas, autenticando que la pobreza dinástica se reproduce por esporas.

Los Ulen nunca engañan, son ellos mismos desde antes de subirse a las tablas. Ese estilo propio de Charlots del Sur conquista con facilidad, al menos por estas latitudes. Los tres actores llevan décadas compenetrados y perfeccionando un tipo de clown crudo, a veces incluso soez, pero con momentos de dulcísima ternura.

El granadino Pepe Quero, Mayte Sandoval y el portuense porque le da la gana Paco Tous, consiguieron con sus más que notables interpretaciones que el público asistente al Municipal de El Puerto se implicara con lo que estaba viendo ayudados por la propia dramaturgia y la frescura y aspereza de sus mensajes. La sencilla pero efectista escenografía y la crudeza de la puesta escena hicieron olvidar a los espectadores que la pobreza hace los días muy largos y que hasta la cagada de una lenteja puede generar conflicto. El humor de estos bolcheviques de la escena, cada vez con más mala leche, más cínico y cruel, demuestra que con la risa se pueden contar muchas verdades y se pueden abrir los corazones en canal.

La vuelta de Maná, Maná a los escenarios propició la inauguración de la II Muestra de Teatro Andaluz en El Puerto, con la singularidad de que la organización de la misma olvidó los programas de mano de la función en algún cajón desastre. Como dice el anuncio televisivo, déjate llevar por las sensaciones.

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