El Premio Nacional de Fotografía que pasó por Jerez

HACE apenas unos días se hacía pública la noticia de la concesión del Premio Nacional de Fotografía a Alberto Schommer, y lo único que sorprendía es que aún no lo tuviera.

Schommer es de esos fotógrafos que han contribuido de forma notable a que la fotografía sea arte con mayúsculas. No voy a relacionar aquí el currículum del autor y sus innumerables méritos, porque necesitaría mucho más de esta página. Tan sólo voy a hacer referencia a un hito de su producción fotográfica que en 1997 le relacionó íntimamente con Jerez, la publicación de su libro Fermento.

Fermento fue una colaboración del fotógrafo con el Ayuntamiento de nuestra ciudad, en el que se recopilaron fotografías de años anteriores que Schommer había realizado en la ciudad y su entorno, y que de manera expresiva y tintes surrealistas pasaba revista a elementos e iconos que conforman nuestra identidad.

Quizás partiendo, probablemente, de tópicos pero con enfoques y lenguaje expresivo muy distinto hasta el que ese momento había sido reflejada nuestra esencia como pueblo, el fotógrafo realizaba una radiografía de tipos, iconos culturales, fiestas, agro y arquitectura local. De ahí que su valor artístico y conceptual hagan que aún se mantenga vigente el trabajo, que recomendamos se revisualice de nuevo para comprobar cómo entendía nuestra esencia este recién nombrado Premio Nacional de Fotografía, de cuyo nombramiento nos alegramos porque por fin hace justicia.

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