La ciudad de la historia por Fco. Antonio García Romero, Eugenio J. Vega Geán

Proyecto y obra hidráulica en el Jerez de los siglos XVI-XVII (y II)

ANTES  de llevarse a cabo la canalización de las aguas del manantial del Tempul (1869), se acometieron numerosos proyectos que trataron de paliar la falta de agua potable en la siempre creciente población de la ciudad, y que en la mayor parte de los casos sólo contaba con el abastecimiento de los tradicionales pozos y fuentes cercanas, para “agua de boca”. Uno de los proyectos más ambiciosos, y menos conocido, fue el que proyectó la comunidad de frailes dominicos de nuestro convento de Santo Domingo. Se trató de construir una canalización para el abastecimiento de agua potable desde unas fuentes que había en la zona que hoy conocemos por Montealto y Rabatún, hasta el antiguo casco urbano.

 Lo relata así el historiador Joaquín Portillo (N.J. Tom. II, pág. 102-103), en 1839: “…Esta comunidad concibió el grandioso proyecto de traer de las fuentes y sudores de Rabo de Atun, el agua para si y para la ciudad suficiente para el abasto, y lo propuso en 3 de junio de 1605 a el ayuntamiento, que no asintió a ello por que creía que a él sólo pertenecía hacer este bien al vecindario…”.

 Lamentablemente, las desavenencias entre el clero y el estamento civil (como refleja el texto), y el derrumbamiento de algunas casas como consecuencia de las obras para abrir las cañerías, hicieron inviable el proyecto. Todo acabó en un considerable escándalo y reclamaciones de daños y perjuicios por parte de los afectados.

Recientemente se encontró en la citada zona (Montealto-Rabatún), uno de los alfares de ánforas de época romana mejor conservados, y más extensos (Ester López Rosendo, Revista de Historia de Jerez, 2007). Esto refuerza la tesis de que al pie de esta fábrica de ánforas, había un embarcadero, justo en la zona conocida como cañada de La Loba (o el Moro). Teniendo en cuenta la localización costera de los alfares de ánforas (Chic García), el término “Rabo de Atún” del que deriva el actual Rabatún, podría considerarse no ya un topónimo, sino como un posible hidrónimo relacionado con el pasado costero de la zona.

Los sucesivos cabildos concibieron desde principios del siglo XVI, tres grandes proyectos de desarrollo económico, que, de haberse llevado a cabo hubiesen cambiado por completo la fisonomía de la ciudad. La creación de un muelle urbano, la construcción de un canal navegable entre los ríos Guadelete y Guadalquivir, y por último, una salida al mar, que permitiera sacar los productos del campo (principalmente el vino), directamente a Cádiz y a la exportación, sin pasar por la desembocadura del Guadalete. De ellos, únicamente este último fue realizado.

Sucedió que, en el año 1648, ante la subida continuada de los aranceles que se pagaban en El Puerto, el Consejo de Xerez  acometió la obra de construir un canal navegable que uniese los ríos Guadalete y San Pedro, que desemboca en Matagorda (Puerto Real), y que es una antiguo ramal del río Guadalete, convertido en brazo de mar.

No obstante, la obra se comenzó “…sin licencia del rey…” (Adolfo de Castro, Historia de Xerez de la Frontera, año 1845). El duque de Medinaceli logró para las obras, pero el clero continuó con los trabajos de extracción de tierras, hasta enlazar en 1649 con el San Pedro. Se entablaron pleitos, y en el año 1722 como refleja José Castaño Rubiales en su libro, citando a Sebastián Morocho: “…Se empezó a cerrar  el río San Pedro y abrir el que va al Puerto, que empezó a correr el día 14 de Noviembre de 1.722 y toda la obra la dirigió Patiño (Ministro de Felipe V)…”. De ahí viene el nombre de Caño de la Tapa, que se le dio al canal,  de “tapar”.

El proyecto de unir el San Pedro con el Guadalete, lo fecha el Padre Rallón en 1622. Pero el ingeniero que lo concibió, fue el italiano Leonardo Torriani (Turriano), ingeniero de Felipe II, en 1624. La unión del San Pedro con el Guadalete, formaba parte de otro proyecto más amplio, de unir el Guadalete con el Guadalquivir.

En la Biblioteca Nacional, sección manuscritos, “Sucesos de año 1624”, se conserva el proyecto original del ingeniero  de Felipe II, Leonardo Torriani (Cremona, 1559-1628). Ha sido publicado íntegramente en el Apéndice Documental del extraordinario estudio publicado por Diego Suárez Quevedo, Navegación fluvial e ingeniería militar en España, siglos XVI-XVII. De Pérez de Oliva y Antonelli, a Leonardo Torriani y Luis Carducha. Universidad Complutense de Madrid, 2007. Y dice lo siguiente:

“Informe de Leonardo Torriani, entonces Ingeniero Mayor de Portugal y dirigido a Felipe IV, sobre la navegación de los ríos Guadalquivir-Guadalete (o bien como alternativa Guadalete-Salado)…Madrid 17 de Julio de 1624”. Es decir que en el proyecto original de 1624, ya se contemplaba la construcción de una canal que comunicase el San Pedro (Salado), con el Guadalete.

Pero lo más significativo es el párrafo siguiente: “…Y cuando Vuestra Majestad se quisiere aprovechar del salado (Salado-San Pedro) y comunicarle con Guadalete por la burca (barca) de Puerto Franco, se han de cortar 4000 pies de tierra llana que costarán 12000 ducados…”.

 Es decir, el canal (que posteriormente sería construido entre 1648-49), es mencionado y royectado en su trazado y coste más de 20 años antes.

 Pero entre ambos hay diferencias. Dice Adolfo de Castro, “…En esto, ya rotas dos mil varas de tierra, descendía el Guadalete con dos bocas al mar, y tan caudaloso que subió mas de un legua tierra adentro…”.

Teniendo en cuenta que Torriani calculó 4000 pies (unos 1100 metros) de longitud para el canal, y que Adolfo de Castro menciona 2000 varas (1600 metros). Quiere decir que hay una diferencia aproximada de 500 metros de longitud entre los dos trazados. El hecho puede ser debido a que no coincidieran en el mismo punto de entrada y salida ambos canales. La entrada del canal que se hizo en 1648 (Caño de la Tapa), es observable desde el satélite, no así el resto del recorrido.

Otro hecho curioso es la fuerte subida del nivel del río Guadalete al conectarse con el San Pedro, y que el agua penetró una legua en tierra adentro.

En cuanto al canal mismo, está documentado cartográficamente en dos de los mapas realizados por el ingeniero del siglo XVIII Francisco LLobet. En el “Mapa del Reyno de Sevilla”, del año 1767, y en el Sevilla Regnum in suos Archiepiscopatos et Praefecturas Divisum, de 1781. No deja de ser interesante el hecho de que la fecha de realización de los mapas es posterior al cierre “oficial” (en 1722) a la navegación de dicho canal o caño de la Tapa. En cualquier caso puede decirse que, al menos, entre los años 1649 y 1722, la ciudad sí tuvo una salida directa al mar.

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