Resacón en provincias

Perfectos desconocidos, La llamada, Muchos hijos, un mono y castillo, Sin rodeos, La tribu, ahora este Club de los buenos infieles... El cine de Ciudadanos ya está aquí y eso que el partido de Rivera aún no ha tocadopelo de poder. Un cine que entiende la realidad española en clave de comedia casposa, de sainete costumbrista, y que ha hecho del cuñadismo, ese neologismo tan preclaro y tan marca España, toda una filosofía de vida que, en aras del liberalismo neocapitalista aparentemente inocuo, perdona y se ríe de los pecadillos de la clase media empobrecida para perpetuar su condición precaria pero (in)feliz y optimista al fin y al cabo.

La película, que dirige con inusitada fealdad y pretensiones posmodernas Luis Segura, ahonda en el primer mandamiento de todo decálogo cuñadista, a saber, la infidelidad masculina como respiradero y motor de la regeneración de la institución matrimonial, lo que, bajo los esquemas de la fuga etílica, el chascarrillo de sobremesa, el borrado femenino y el posterior resacón en provincias de un grupo de amigos de la infancia en eterno modo peterpanesco, despliega un insostenible y retrógrado discurso de compadreo y empatía patética con el adúltero tal vez al alcance de cualquier españolito pegado a la televisión de plasma en horario prime-time, pero nunca al de un espectador con un mínimo de inteligencia que aún espere del cine algo más elevado que la ración diaria de fast-food audiovisual.

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