Rigoletto lucha por el Villamarta

  • Ismael Jordi volvió a cautivar al público con ese registro que cada día agranda, por belleza de color, sobrado volumen y claridad de dicción · El teatro se quedó pequeño ante la expectación de la producción

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La crisis es una tuneladora que está llegando al corazón de los teatros y de las orquestas. Cuando se habla de cierre en coliseos como el Liceo o el Palacio de las Artes, e incluso del Villamarta; cuando acaba de saltar la noticia sobre la supervivencia de las 27 orquestas españolas, cuando parece que no va a volver a crecer una butaca donde hubo antes música, se nos antoja que el mejor antídoto (sin seguridad de que funcione) es un atrincheramiento como el que el Villamarta nos ofrece: espectáculos que enganchen con el menor presupuesto, calidad de los intérpretes y apoyo incondicional del público. Rigoletto es un título de primera línea, y además es producción propia del Teatro, con lo que sólo se pagaría a los cantantes, aunque tenga que ser "a plazos" (hasta eso hemos llegado). Un elenco extraordinariamente equilibrado ha aceptado estas condiciones, por amor a este Teatro y porque saben que es la única forma de (posiblemente) preservar abiertos los escenarios de los que viven. Y en cuanto al público, no cabía un alfiler la noche del sábado. Y esto es muy importante, porque los espectáculos no serían una carga, ya que una producción propia casi se autofinanciaría con el dinero de taquilla (el que siembra, ahora recoge) y, políticamente, el Villamarta se blindaría, toda vez que es difícil cerrar un teatro que se llena hasta la bandera.

Pasado el susto inicial, donde todos se tuvieron que encontrar (a sí mismos y a los demás), se fue dibujando un espectáculo increíble, acaso el más completo que hayamos visto en este Teatro, porque no hubo "puntos negros". Jordi volvió a cautivarnos con ese registro que cada día agranda, por belleza de color, sobrado volumen, claridad de dicción o seducción continua, y eso que nos reconocía un sobreesfuerzo, por ciertas afecciones vocales (los cantantes sufren el invierno como todo el mundo), acentuado por la falta de descanso; de ahí ese Si final de La donna, no tan perfecto como acostumbra. Y a dúo con Sabina Puértolas firmó un memorable dúo (È il son dell'anima), y luego la asturiana firmó a solas su Caro nome, que si atractivo resultaba en su vis belcantista, segura y espectacular, más hechicero aún nos pareció un centro carnoso, iluminado y sensual, lo que da hondura y madurez a la adolescencia del rol. Pero el protagonista es Rigoletto, y el de Luis Cansino es de voz poderosa, bien timbrada, brillante en el agudo, pero con ese necesario velo de oscuridad en el grave; si acaso, alguna diferencia de color en el paso de la voz, pero excelente a la hora de abordar el rol más complejo del barítono verdiano. También excelente el bajo burgalés Rubén Amoretti en su terrible papel de Sparafucile, con un registro lleno, profundo y seguro. A su lado, Marina Pardo mantuvo en su registro la sedosidad insinuante de Magdalena, aunque a veces engullida por el torrente Amoretti. No olvidamos a Federico Gallar, habitual en este escenario, que hizo un más que digno Monterone en sus dos felices intervenciones. No olvidemos otras voces, como la prometedora de David Lagares (Marullo), de Pérez Madueño (Borsa) e Hilario Abad (Ceprano), a la par de la admirada Esperanza Melguizo (Giovanna). Magnífico el coro masculino del Villamarta, tan importante en esta ópera, todo un ejemplo de equilibrio y empaste. También nos encantó el trabajo en el foso de Carlos Aragón. Como pianista acompañante durante tantos años, sabe seguir y respetar la voz maravillosamente, consiguiendo un flujo con ella extraordinario, un ritmo interno inasible; de igual manera, es responsable de aunar una orquesta no estable y dotarla de una calidad más que suficiente, de sonido muy proporcionado en todos los aspectos. El tándem López-Ruiz lleva años dando muestras de una eficacia más que probada, y esta producción es una clara muestra de uno de sus mejores resultados. Añadamos por último, que todo el elenco era español, lo que nos muestra que no hay que presentar carteles de voces extranjeras para garantizar buenos resultados. Y todo ello acentúa la paradoja: una producción redonda para un momento de pura supervivencia de este teatro.

La Crítica: 'Rigoletto'

Melodrama en tres actos con música de Giuseppe Verdi y libreto en italiano de Francesco Maria Piave. Intérpretes: Luis Cansino, Sabina Puértolas, Ismael Jordi, Rubén Amoretti, Marina Pardo, Federico Gallar. Producción del Teatro Villamarta. Director de escena e iluminación:  Francisco López. Escenografía y vestuario:  Jesús Ruiz. Coreografía: Belén Fernández. Coro del Teatro Villamarta: Director Juan Manuel Pérez Madueño. Orquesta Lírica del Sur. Director musical: Carlos Aragón. Lugar: Teatro Villamarta.

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