Cultura

Sara Baras, la luz de la farruca

  • La bailaora y coreógrafa gaditana, que ayer celebró su cumpleaños, pone en pie al público del Falla durante la primera de las cinco noches en las que mostrará sus 'Sombras' en Cádiz

La bailaora Sara Baras y el cantaor Israel Fernández, anoche en el Gran Teatro Falla. La bailaora Sara Baras y el cantaor Israel Fernández, anoche en el Gran Teatro Falla.

La bailaora Sara Baras y el cantaor Israel Fernández, anoche en el Gran Teatro Falla. / julio gonzález

Hace 20 años, la muchacha gaditana a la que le salía de los adentros un baile natural, genuino, en el que fuerza y delicadeza se equilibraban como el blanco y el negro en el yin-yan, daba un paso al frente y creaba su compañía. Nacía el Ballet Flamenco de Sara Baras con Sensaciones y, con él, veía la luz la que iba a ser su sombra. La muchacha gaditana que estaba besada por la elegancia y la flamencura se ajustó los pantalones como hiciera aquella otra genio, Carmen Amaya, y con ellos se cosió a su fibroso cuerpo la farruca. Han pasado 20 años y la muchacha gaditana sigue alzando los brazos como una paloma negra, siguen tronando sus pies como hija de Thor, sigue clavando sus ojos desafiantes en mitad de nuestro corazón. Y sigue abrazando a su sombra, la farruca, para iluminar al mundo.

Porque eso es Sombras, el espectáculo que ayer y hasta el domingo se puede ver en el Gran Teatro Falla. Sombras es un gran homenaje a la farruca, santo y seña de su baile, el espejo que con más nitidez refleja su poderosa delicadeza. Sin trampa ni cartón. Y sigue, sigue Sara pudiendo lucir velocidad y fortaleza. Tanto en la farruca inicial como en la farruca final donde se clava de rodillas frente a la alegoría del palo creada por el artista Andrés Mérida.

Antes, casi dos horas de viaje con Sara casi permanentemente en escena. Se intercalan los cuadros acertadamente sobrios con los paisajes sonoros más percutivos. Y sus serranas y alegrías en soledad (llena, cómo llena esta mujer el espacio) se hilan, en un logrado trabajo de luces, con el delicioso paso a dos (el Pequeño vals vienés de Lorca, de Cohen y ayer del espléndido cantaor Israel Fernández) con su compañero de vida y de baile, José Serrano. Tampoco se queda atrás en gusto Rubio de Pruna ni en destreza el cuerpo de baile de Baras, compacto, fuerte, con carácter.

Y los dedos de Keko Baldomero, deslizándose por la sonanta a la velocidad de la luz, creando la autopista para que los pies de la muchacha gaditana echen chispas, fuego, iluminando su sombra, su farruca, su pasado y su presente. Un presente que le dice que cumple un año más. "Cumpleaños feliz" , canta el público. "Papá, te quiero". "Mamá, Triki, una pataíta, ¿no? Sorpresa, sale su amigo Jorge Cadaval, que también se apunta a la bulería. Y la muchacha gaditana se toca el corazón y lo lanza.

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