Schumann al desnudo

  • Alpha recopila la integral de la música camerística con piano de Schumann que viene registrando el pianista Eric Le Sage

La de Robert Schumann (Zwickau, 1810 - Endenich, 1856) es una figura que se presta a la perfección como ejemplo de artista romántico enfrentado permanentemente al medio exterior y a su propio y convulso mundo interior. Hay suficientes elementos en la biografía del compositor como para inflamar la imaginación del más pasivo de los novelistas: la lesión que le obligó a abandonar el mundo profesional del piano, provocada por su propia obsesión virtuosística; su pasión por Clara, la joven hija de su maestro, que lo llevó a una relación clandestina y a un matrimonio sin la aprobación paterna; su trastorno bipolar y sus continuas depresiones, que lo condujeron al suicidio frustrado; su muerte en un sanatorio mental cercano a Bonn.

Pero además de eso, Schumann fue también uno de los más lúcidos críticos musicales del XIX y por supuesto el autor de una música que se ajusta admirablemente al espíritu de su tiempo. Hay en la producción del germano una singular ordenación en la dedicación a los géneros: su primera década como compositor está centrada en el piano; 1840 es el año del lied; 1841, el de la sinfonía; 1842, el de la música de cámara; 1843, el del oratorio. Aquel mismo año una fuerte crisis depresiva lo alejó de la composición, que retoma en 1846, cuando los géneros empiezan a mezclarse y su música se hace más audaz y visionaria.

Resulta curioso que Schumann pareciera consciente de su doble personalidad, pues a menudo firmó tanto sus escritos críticos y teóricos como sus obras musicales con un par de heterónimos que representaban las dos partes disociadas de su pensamiento artístico, Eusebius, el reflexivo, el apolíneo, y Florestán, el exaltado, el pasional. El clásico y el romántico, podría también decirse. Schumann representa bien ese espíritu de los primeros románticos que combinaron el uso de las formas clásicas (sonatas, sinfonías, cuartetos, tríos) con otras más breves y sin perfiles definidos (impromptus, fantasías) en las que la idea, a menudo la confesión íntima, pasaba por delante de la forma.

El mundo camerístico es, por su esencialidad y desnudez, ideal para penetrar y entender el universo estético de Schumann, y este álbum de siete cedés que acaba de publicar el sello Alpha es una herramienta magnífica para este propósito. Contiene las obras de cámara con participación de piano del compositor (también las escritas para piano a 4 manos), y su origen es la integral que el pianista francés Eric Le Sage viene dedicando desde hace años a este sector de la producción schumanniana conjuntamente con el de la música para piano solo. Sus acompañantes son extraordinarios y el lote ahora presentado es formidable, pues incluye las grandes obras (el Quinteto y el Cuarteto de 1842, las 3 Sonatas para violín, de 1851 a 1853, los 3 Tríos, de 1847 a 1851), pero también otras menos transitadas, en las que el piano comparte protagonismo con la viola, el cello, el clarinete, el oboe o la trompa.

Eric Le Sage y acompañantes Alpha (7 CD) (Diverdi)

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