Sebastián Castella y Luis Bolívar salen por la puerta grande de Cali

  • El torero francés vuelve a enloquecer al público colombiano en una de las plazas más emblemáticas de su carrera mientras que Uceda Leal corta una oreja

El francés Sebastián Castella y el colombiano Luis Bolívar salieron el domingo a hombros y abrieron la puerta grande de la Plaza de Cañaveralejo en la tercera corrida de la Feria del Señor de los Cristales de Cali, Colombia, en la que Uceda Leal obtuvo una oreja.

Con lleno total en tarde soleada y algo de viento, se lidiaron toros de Ernesto González, bien presentado; parejos en tamaño y peso, justos de fuerza y con poco castigo en varas, pero cumpliendo cabalmente y propicio para el éxito grande, salvo el primero.

Uceda Leal, que abrió plaza, sólo denuedo demostró ante un toro de poca condición. Fue premiado por su valor y entrega con una ovación y el animal fue pitado.

El madrileño se sacó la espina en el cuarto, que le permitió lucir su arte exquisito tanto con capa y muleta. Faena pletórica de clase. De una entera fulminó al animal y le fue otorgada una oreja. Fue despedido con una ovación.

Una vez más Sebastián Castella volvió a enloquecer a su público de Cañaveralejo. Entendió muy bien a su primero. Fue corta su labor con el capote, pero otra cosa fue con la muleta, pisando terrenos imposibles. Ligó una variada faena rematada con circulares y oportunos desplantes. Un estocada hasta la empuñadura y una oreja le fue concedida a petición general.

Lo grande, rotundo, vino en su segundo, quinto de la tarde. Pisando terrenos inverosímiles, toreó de manera muy bella de capa, y con la muleta aplicó la cámara lenta y en ese tono cumplió toda su labor muleteril, llena de temple, sabor y profundidad.

Pinchó arriba en el primer viaje y luego sepultó el acero de manera completa. Petición general para dos orejas que le fueron concedidas y el toro fue muy aplaudido en el arrastre.

Bolívar no desentonó al lado de sus alternantes. Supo sacar partido de un toro que en momentos ofreció dificultades. No obstante, con el capote inició su trabajo con dos largas cambiadas de rodillas.

Quitó por chicuelinas ceñidas y después con la muleta una faena muy de acuerdo con la condición del toro, siempre buscando estar por encima del astado. Pinchó al primer viaje y luego dejó una espada entera que fue suficiente. Sonaron abundantes palmas.

En su segundo, sexto de la tarde, aguijoneado por el triunfo de Castella, aprovechó la buena condición del toro y ha dibujado en su primera parte hermosos lances a la verónica, bellamente rematados y un quite por tafalleras.

La faena con la muleta tuvo seriedad, aplomo y profundidad. Aprovechó las buenas condiciones del santacolomeño e hizo que el público gritara delirante. Faena variada sobre ambas manos y a pesar de que pinchó en el primer intento, metió la espada hasta la empuñadura en sitio perfecto y dos orejas le fueron concedidas a petición unánime.

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