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'Secuestrados' por el miedo

  • El sevillano Miguel Ángel Vivas estrena su segundo largo, un violento 'thriller' que le ha abierto las puertas de Hollywood, donde le han propuesto dirigir el 'remake' en inglés

Escarbar en un "miedo personal y universal", el de la invasión del hogar, el "lugar sagrado donde estás a salvo", imaginarse en una situación que representa "la violación máxima", llevó a Miguel Ángel Vivas a rodar Secuestrados, su segunda película tras Reflejos y la plataforma desde la que se ha hecho visible para Hollywood. Ana Wagener, Manuela Vellés y Fernando Cayo encabezan el torturado reparto de la cinta, que llegó ayer a las salas comerciales tras labrarse fama de impactante en festivales como el de Sitges o el Fantastic de Austin, frecuentados por un público curtido en las historias de terror, violencia y respingos en la butaca.

Filmada en doce planos-secuencia, la cinta sitúa a la audiencia ante una familia que acaba de llegar a su nueva casa en las afueras de una ciudad, en la que al cabo de pocas horas irrumpe una banda de exmilitares de Europa del Este en busca de dinero. "El público sabe que en el corte está el truco", explica el director sobre el recurso del plano-secuencia, con el que aspira a "secuestrar al espectador junto a la familia en tiempo real".

"Al principio planteé la película como un thriller más convencional, pero luego supe que necesitaba un enfoque naturalista. Más que una historia, lo que propongo es una experiencia. Quiero que el espectador sufra, que sienta el miedo en todos sus niveles, desde la descarga de adrenalina hasta el hundimiento", dice Vivas, nacido en Sevilla en 1973 pero formado en Madrid.

El director, que presentó ayer su trabajo en un coloquio con la prensa, recalca continuamente que su objetivo era hacer una película "desnuda" y que no "engañe". Para ello, con la colaboración de Javier García, escribió el guión después de leer varios libros y numerosas noticias de sucesos. Secuestrados, continúa, no trata de "héroes que van a salvar el mundo como en las películas americanas". Va de gente normal obligada a lidiar con una violencia terrible. Por eso fue tan importante la entrega de los actores, que "se abrieron en canal". Para que comprendieran el registro que pedía, Vives les puso a Wagener, Vellés y Cayo cintas de los hermanos Dardenne y John Cassavetes. "Fue un trabajo muy duro. Los actores no fingen el miedo, era un miedo que estaban sintiendo por primera vez", sostiene Vivas sobre un rodaje que llevó a sus participantes "al límite".

Al margen de esta apelación -como el propio Vivas hace- a la "verdad absoluta" de las emociones, un discurso habitual en las promociones de este tipo de producciones, la película contiene momentos de auténtica brutalidad. "Un final feliz, por ejemplo, era para mí moralmente inadmisible", dice el sevillano, que afirma no querer deleitarse con la violencia aunque admite que en una escena -en la que el personaje de Vellés ataca a uno de los asaltantes- se ha "pasado un poco con la violencia". Para Vivas, ese momento -en el que un ojo sale mal parado, por decirlo con un eufemismo- permite que "después de una hora reaccionando contra la violencia, el público pueda ponerse a favor de ella", lo que el realizador considera una "catarsis".

Aunque el tratamiento de la atrocidad y la arbitrariedad es muy distinto en Funny Games, de Michael Haneke, Vivas asume que fue "imposible" no tenerla en cuenta. "En la de Haneke hay un distanciamiento formal casi brechtiano que permite una reflexión sobre la violencia. Yo no quería intelectualizar, quería hacer algo orgánico, visceral", aclara el director, que cita otros títulos del "microgénero" de los asaltos domésticos, como Los extraños, La habitación del pánico o 37 horas desesperadas.

Vivas, que maneja referencias literarias, de Shakespeare a Borges, que fue un estudiante fascinado con los formalistas rusos y las discusiones de los autores franceses de los 60 en las páginas de Cahiers du Cinéma, que disfruta como aficionado con obras arriesgadas como Canino, la espléndida Un profeta o El eclipse de Antonioni entre las menos recientes, apuesta en cambio como profesional por el "cine de género" (terrorífico) y admira a los españoles -de Bayona a Rodrigo Cortés, de Balagueró a Paco Plaza o Guillem Morales...- que "saben conectar con el público" con sus filmes "técnicamente impecables".

Lo mismo han visto en él las productoras de Hollywood que le han hecho llegar guiones e incluso una oferta para rodar un remake de Secuestrados. Mientras decide si acepta este último proyecto -de momento se inclina por no hacerlo-, y "sobrecogido" por la recepción de su trabajo, Vivas viajará pronto a Los Ángeles para, "con pies de plomo", entablar contacto personal con las productoras y seleccionar actores para su próximo proyecto. Será "más ambicioso", participará Alberto Marini (muy ligado a la saga REC) y se rodará en España aunque con producción estadounidense.

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