Cultura

Sergio Ramírez, el Premio Cervantes del compromiso

  • El autor, ex vicepresidente de Nicaragua, dedica el galardón a los "asesinados" durante las protestas de estos últimos días en su país

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Un Quijote caribeño, un Rubén Darío cervantino y la novela como herramienta contra una "realidad que abruma" recorrieron el discurso del nicaragüense Sergio Ramírez al recibir ayer el Premio Cervantes. El primero que va a manos de un escritor centroamericano. La entrega del galardón más importante de las letras en español, celebrada como cada año en una solemne ceremonia en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, quedó también marcada por las protestas, el caos y la represión gubernamental de los últimos días en en el país del escritor, Nicaragua, que han dejado hasta la fecha casi una treintena de muertos en sus calles.

"En el Caribe toda invención es posible. Desde luego, la realidad es ya una invención en sí misma", sostuvo Ramírez en su discurso, ante un auditorio en el que se encontraban, entre otras autoridades, los reyes y el presidente del Gobierno. "En ese sentido, me figuro a Cervantes como un autor caribeño, capaz de descoyuntar lo real y encontrar las claves de lo maravilloso", añadió Ramírez, escritor y político de 75 años, que volvió a trazar un puente directo entre el autor del Quijote (1547-1616) y Rubén Darío (1867-1916) como "refundador" de la lengua de 500 millones de hablantes. "Tres siglos después de Cervantes, devolvió a la península una lengua que entonces resultó extraña porque venía nutrida de desafíos y atrevimientos, una lengua que era una mezcla de voces revueltas a la lumbre del Caribe, de donde yo también vengo", dijo el novelista.

"Cerrar los ojos" ante la realidad, proclamó el autor, "es traicionar el oficio" de escribir

"Es esa lengua de ida y de vuelta la que hoy se reinventa de manera constante en el siglo XXI mientras se multiplica y se expande -añadió-. Una lengua que no conoce el sosiego. Una lengua sin quietud porque está viva y reclama cada vez más espacios y no entiende de muros ni fronteras". Ramírez celebró a Darío como padre de una tradición de poetas nicaragüenses como Carlos Martínez Rivas, Ernesto Cardenal, Claribel Alegría o Gioconda Belli, pero también como fundador del país en sí. "Es curioso que una nación americana haya sido fundada por un poeta con las palabras y no por un general a caballo con la espada al aire".

Novelista, ensayista y periodista, Ramírez, revolucionario sandinista y vicepresidente de su país entre 1985 y 1990 con Daniel Ortega, dedicó el premio a los fallecidos por la dura respuesta a las protestas de la semana pasada contra una polémica reforma de la Seguridad Social en el país, luego retirada por el Gobierno de Ortega. "Dedico el premio a la memoria de los nicaragüenses que en los últimos días han sido asesinados en las calles por reclamar justicia y democracia y a los miles de jóvenes que siguen luchando por que Nicaragua vuelva a ser una república", afirmó el autor de Margarita, está linda la mar o Adiós, muchachos, que lució un crespón negro de luto. También Felipe VI aludió a la dramática situación del país centroamericano: "Don Sergio -leyó en su intervención-: en estas horas difíciles toda España lleva a Nicaragua en su corazón".

Sergio Ramírez compaginó durante muchos años su pasión por la literatura con su activismo político, que lo llevó a liderar en 1977 el conocido como Grupo de los Doce en apoyo al Frente Sandinista de Liberación Nacional y a alcanzar la vicepresidencia del país, hasta retirarse de la política en 1996 tras perder las elecciones presidenciales. Esa doble vocación marcó su obra y quedó reflejada también en su dicurso de ayer, en el que trató de refutar cualquier contradicción aparente entre ambas actividades y defendió la novela como "una conspiración permanente contra las verdades absolutas". Ante una realidad que abruma, sostuvo, "cerrar los ojos, apagar la luz, bajar la cortina, es traicionar el oficio". "Todo irá a desembocar tarde o temprano en el relato, todo entrará sin remedio en las aguas de la novela. Y lo que calla o mal escribe la historia, lo dirá la imaginación, dueña y señora de la libertad", dijo.

También el rey se refirió a esa "encrucijada" que afrontó Ramírez: "Ha sabido navegar en aguas turbulentas y entender el poder -sostuvo don Felipe de Borbón- como un accidente del que lo salvó la literatura". Después lo describió como "gran cronista y narrador" y se dirigió directamente al escritor: "Hoy reconocemos a un embajador de Cervantes y de la patria de Darío que, con usted, ha vuelto a casa, a esta casa que es la lengua de todos".

El Premio Cervantes, dotado con 125.000 euros, reconoce el conjunto de la obra de un escritor que haya contribuido al legado literario en español. Sergio Ramírez, un autor que siempre ha llevado a gala su compromiso político, sucede al español Eduardo Mendoza por su capacidad -según el jurado que decidió concederle el galardón- para "aunar en su obra la narración y la poesía y el rigor del observador y el actor".

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