El Serie Z superó todas las expectativas

  • A pesar de la lluvia, pleno para el legendario festival jerezano, que rozó un muy alto nivel y llenó la Sala Paúl

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Si hay algo en lo que todos los asistentes a la nueva edición del Serie Z coincidieron es en que había mucha más gente que el año pasado. Tras resurgir de sus cenizas en 2011, el festival rockero por excelencia puede congratularse por haberse convertido, con mucha paciencia y esfuerzo, en un evento primordial dentro del tejido cultural de la provincia.

Ya a las cuatro de la tarde del sábado, mientras The Soul Jacket, Igor Paskual y Devils Dandurff abrían la jornada, los asistentes al certamen se repartían entre el patio y el interior de la sala dejando muy pocas calvas de empedrado. Cervezas bajo las nubes y la promesa de una jornada de clausura con grandes nombres propiciaban movimientos migratorios de un extremo al otro del edificio.

Los holandeses Vanderbuyst consiguieron poner al fin de acuerdo a todos los presentes, que se plantaron al unísono frente al escenario para disfrutar de un trío atronador que bebe del rock más clásico para terminar desembocando en el heavy de los ochenta.

Melenas rizadas al viento al estilo Europe, guitarrazos a lo ZZ Top y mucha actitud: puños en alto, pantalones de cuero y berridos en falsete. El respetable, por supuesto, entusiasmado.

Pero a las siete de la tarde el heavy dio paso al hard rock más disparatado, y White Cowbell Oklahoma ofrecieron la que terminó siendo, a mi parecer, la mejor actuación de todo el festival.

Los canadienses tienen un sentido del espectáculo desternillante. Se disfrazan, brincan y además tocan maravillosamente bien.

Así, el sexteto levantó a toda la sala mientras su integrante más dicharachero, el hombre del cencerro blanco, lanzaba llamaradas de fuego ayudándose de un dispensador de gasolina que nos dejó a todos los que nos encontrábamos en el foso preocupados por nuestra integridad física y mental.

La banda de rock duro ofreció el primer concierto largo del día y cerró su actuación entre vítores y clamores ("¡cencerro blanco!") presentando un grandísimo tema perteneciente a su nuevo trabajo: "Diablo".

En definitiva, de lo que se trataba era de pasarlo bien y de no tomarse demasiado en serio a uno mismo, como reconoció el cantante de la formación al entrar en el backstage afirmando que "había sido muy divertido".

Jim Wilson, que relevó al sexteto psycho en torno a las ocho y media de la tarde, se tomó lo suyo, por el contrario, con mucha seriedad. Como buen guitarrista que es, se centró exclusivamente en sus trastes y se perdió en riffs complejos e infinitos hasta que le estallaron los dedos.

En torno a las nueve de la noche el cielo se cansó de pasear nubes negras y silenciosas y estalló para dar paso a una consecución de diluvios que acabaron con los movimientos migratorios de los asistentes. O te quedabas bajo techo o te diluías bajo la lluvia. Así de sencillo.

Así que Dan Baird & Homemade Sin disfrutaron de un aforo completo y entusiasta. Su rock and roll de toda la vida recordó de principio a fin a Neil Young con sus Crazy Horse, y el aluvión de canciones que buscaban continuamente el clímax y los vellos erizados se cerró con una muy buena versión del "Rocking in a Free World" (de, como no podía ser de otra manera… Neil Young).

Los esperadísimos Warrior Soul fueron recibidos con un clamor generalizado a las once de la noche (encomiable el trabajo de la organización: todo funcionó como un reloj suizo), y durante una hora y media ofrecieron un repaso a su ya extensa carrera, culminando la actuación con la presentación de su nuevo trabajo "Stiff Middle Finger" (2012, Geffen Records).

El bueno de Kory Clarke se dejó la garganta con entusiasmo y sin complejos, y la pareja de guitarras hicieron que sus melodías parecieran más rudas de lo que realmente eran.

Para finalizar, ya a las doce y media de la noche, los cabeza de cartel de todo el festival, los legendarios Yesterday and Today, tomaron el escenario para dejar muy claro que iban a ofrecer un concierto sin concesiones de dos horas de duración. Tiempo más que suficiente para demostrar por qué son considerados como uno de los grupos más relevantes de la historia del heavy.

Dave Meniketti puso a prueba sus cuerdas vocales olvidando que lleva cantando sobre un escenario casi cuarenta años, y además ofreció un espectacular ejercicio de pericia a los trastes demostrando cómo se debe hacer un punteo.

La banda estuvo sobresaliente y clausuró una nueva edición del Serie Z como éste se merece: con un saco de riffs y una voz rota.

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