Con 'El Sordera' en el recuerdo

  • Hoy se cumplen diez años de la muerte del genial artista jerezano, cuyo cante, dos lustros después, sigue siendo un referente para los amantes del flamenco

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Dicen que recordar a una persona que se nos ha ido sirve para mantenerla viva. Eso mismo queremos hacer con la figura de Manuel Soto Monje 'Sordera de Jerez' cuando exactamente hoy se cumplen 10 años de su muerte. Sí, fue un 24 de junio de 2001 cuando Manuel nos dejó, se marchó ese eco inconfundible que ha creado escuela y que hoy, dos lustros después, sigue sonando con una actualidad impresionante.

Descendiente de cantaores como Paco La Luz o La Serrana, El Sordera vivió por y para el cante, su gran pasión y desde muy niño y gracias a su padre, Enrique Soto, y esas vivencias irrepetibles en las gañanías jerezanas aprendió todos los secretos de lo jondo. Convivió con los más grandes y su flamenquísima garganta exhibió su particular cante en los tablaos más afamados de la capital de España (Villa Rosa, El Duende, Los Canasteros o Las Brujas.

Manuel Soto siempre se caracterizó por ser un artista serio, de esos de los abundan poco, y muchos aún recuerdan su británica puntualidad cuando había que cantar. "Si había que estar a las diez él estaba a las ocho", recuerda su hijo Vicente Soto. Sordera fue alguien que se dejó querer y aún hoy es querido por muchos que tuvieron la suerte de conocerlo. Además, fue el primer gitano en ser nombrado 'Hijo Predilecto' de su ciudad natal, y a lo largo de su amplia trayectoria fue galardonado con numerosos premios en el mundo del flamenco, entre ellos los que le otorgó la Cátedra de Flamencología de Jerez, la Copa Jerez (1972) y el Premio Nacional de Cante (1984).

Como cantaor contribuyó a conservar estilos propios de su tierra, como los fandangos del Niño Gloria, o acuñando con elegancia cantes de Tío Juanichi 'El Manijero', Frijones o el propio Paco La Luz. De cualquier forma, a Manuel lo podemos catalogar como un cantaor largo, pues era capaz de ejecutar con la misma maestría la clásica bulería por soleá de Jerez que los aires de Cádiz, las romeras primitivas, el mirabrás o las cantiñas, todas con un compás extraordinario. Ningún cante tuvo secretos para el patriarca de los Soto, capaz de poner en pie a un auditorio al completo.

Asimismo, si por algo destacó El Sordera fue por su compromiso con su barrio y su ciudad de ahí que durante años incentivara el desarrollo del flamenco en los más jóvenes a través del Curso de Cante organizado por la Peña Tío José de Paula junto a Antonio Higuero.

Hoy, diez años después de su muerte Vicente Soto, uno de sus hijos, recuerda a Manuel "como un padre ejemplar y que siempre estaba dispuesto a ayudar a los suyos", y como un cantaor "elegante del flamenco que fue siempre con la honestidad por delante y que se ganó el respeto y el cariño de todos".

Vicente insiste en que El Sordera "llevó siempre Jerez por bandera" y sobre su cante destaca que "era netamente jerezano y forjado en las vivencias de la familia, del campo. Además, instauró un estilo muy personal en muchos palos".

De la misma opinión es otro de sus vástagos, Enrique Soto, que en estos días prepara un homenaje para su padre en los Reales Alcázares de Sevilla. "Como padre era un persona entregada a su familia, trabajaba para que a ninguno de sus siete hijos le faltaran las habichuelas".

"Era un inmenso" y "querido por todo el mundo". Además, "ha creado estilos propios, creó una nueva forma de cantar los fandangos y la bulería por soleá".

De la misma rama es Luis Fernández Soto 'Luis El Zambo'. Sobrino carnal, no duda en reconocer que para él la figura de su tío "ha sido un espejo, me gustaba escucharlo y aprender de él, porque su cante era único". Luis recomienda, "sobre todo a la gente joven, su discografía, es una maravilla escucharlo por bulería por soleá, por fandangos, por bulerías, por seguiriyas, tenía un eco y una personalidad muy grande".

Su discografía, como refiere Luis, no es demasiado amplia, aunque sí encontramos una de las grandes obras maestras del flamenco 'Canta Jerez' (Hispavox, 1964) donde El Sordera pone su sello en dos fandangos de El Gloria irrepetibles, además de una seguiriya y el fin de fiesta por bulería.

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