Superhéroes convertidos en héroes trágicos

Reino Unido, EEUU, 2012, Ciencia-ficción, fantástico, drama. 84 min. Dirección: Josh Trank. Intérpretes: Dane DeHaan, Michael B. Jordan, Alex Russell, Michael Kelly, Ashley Hinshaw, Anna Wood. Cines: Bahía de Cádiz, Bahía Mar, Ábaco San Fernando, Las Salinas, Al Andalus, Multicines Jerez, Yelmo, Cinesa Los Barrios.

Costó nueve millones de euros y lleva recaudados 40. Trata de chicos normales convertidos en superhéroes y las dificultades que ello conlleva en la vida cotidiana. Está filmada como si se tratara de un vídeo doméstico. Lo primero es una idea simpática que, por lo menos, no incurre en el habitual terror chapucero ligado a estas simulaciones de la realidad que anticipó en la era del cine La noche de los muertos vivientes y puso de moda El proyecto de la bruja de Blair en la era del vídeo. Lo segundo -la supuesta película de aficionados grabada con una videocámara- podría ser hasta contraproducente por superexplotación del recurso. Y sin embargo ha triunfado convirtiendo a su joven director (Josh Trank) y a su guionista (Max Landis, hijo de John Landis) en dos de las piezas más codiciadas de Hollywood. ¿Por qué? Por el guión. Hay seres humanos, no sólo estereotipos emeteuvianos de adolescentes gritones y descerebrados; y ello da juego a los jóvenes actores. Hay situaciones complejas -el mezquino horror o el hiriente dolor de cada día supera a lo que la fantasía pueda imaginar- que dan profundidad humana al fondo sobre el que se desarrolla la acción; situaciones que justifican, al captar ese horror o ese dolor, el recurso de la cámara fija, testigo mecánico de violencias colegiales o domésticas, de angustias y voluntad de huida y destrucción. Y hay una hipótesis que al principio parece divertida y al mediar la película se convierte en trágica: ¿qué harían unos jóvenes de hoy al borde de la marginalidad si adquirieran superpoderes?

Primero el gamberro, eso está claro. Gamberradas inocentes. Bromas tipo cámara oculta. Después más gamberradas, pero con consecuencias que en principio no podían prever. El uso de los superpoderes requiere inteligencia y autocontrol. Y de eso una parte considerable de los actuales jóvenes no están precisamente sobrados. Me vuelvo a remitir al universo MTV. Desde el accidente automovilístico provocado la situación gira a la tragedia. Los superpoderes o el recurso de la grabación doméstica se convierten en pretextos para una reflexión ética muy bien planteada a través de personajes a los que lo extraordinario o sobrenatural acerca más a las tragedias y mitos clásicos que al cómic. Un superhéroe en una familia al borde de la marginación, con una madre gravemente enferma y un padre maltratador, no es un personaje de Marvel, desde luego. En la secuencia de la tormenta nocturna entre las nubes se alcanza, ya del todo, esa dimensión mítico-trágica de lo que empezó como una vídeo-película fantástica más de adolescentes.

Josh Trank ha rodado este excelente guión con gran precisión. Tras la forma sobria en que está filmado el accidente y el rescate, o el plano inmediatamente posterior del joven videoaficionado tomado por su cámara movida por sus poderes, hay un buen director en potencia. La naturalidad o realismo de los efectos especiales -el juego entre las nubes- también apunta al talento de un director que, a diferencia de sus personajes, sabe controlar las fuerzas que la tecnología le proporciona. Hasta cuando en la lucha apocalíptica final todo se descontrola... Todo menos el control del realizador para otorgar sentido trágico, además de atractivo espectacular, a este descontrol.

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