Teatro, puro teatro

  • La brillante y electrizante 'Tosca' de Giancarlo del Monaco deja literalmente paralizado en sus asientos al público del Villamarta

A pesar de que 'Tosca' es una de las óperas más sólidamente atadas a un espacio y a una fecha concretas de desarrollo argumental (Roma, 17 de junio de 1800), en esta brillante y electrizante coproducción entre Tenerife, Jerez, Pamplona, Valladolid y Lausanne, Giancarlo del Monaco ha logrado extraerle aún mayor jugo dramático llevando la acción al otoño de 1943 y a una Roma ocupada por las fuerzas alemanas ante el vacío de poder producido por la destitución y encarcelamiento de Mussolini. Ver al lascivo y perverso Scarpia con el uniforme de las SS, manejando la fusta, fumándose un cigarrillo durante el 'Te Deum' y contemplando una enorme fotografía de Hitler, le añade al personaje una enorme carga adicional de maldad y de refinamiento en el dolor ajeno.

Del Monaco, como en todos sus montajes, parte de la propia música para diseñar el movimiento de actores y el propio decurso del pulso escénico. Esta íntima fusión entre tiempo musical y tiempo dramático alcanzó la perfección en un segundo acto medido al milímetro y que dejó al público literalmente paralizado en sus asientos. Sin duda, una de las mejores producciones que se hayan visto nunca en el Villamarta.

De poco hubiese servido el trabajo del regista italiano si no hubiese tenido la colaboración de cantantes que fuesen también grandes actores. Ángeles Blancas se ha definido a sí misma en estos días jerezanos como una actriz que canta. Como actriz es un verdadero animal escénico que hace del teatro su lugar natural y del personaje su otro yo. Pero como cantante es ya otra cosa: la voz es una auténtica ruina sin brillo y sin homogeneidad. La zona media y grave está engolada hasta el máximo y suena a hueca y el paso al agudo, chillón, desafinado y metálico, se realiza mediante abruptos golpes de glotis. Menos mal que domina el fraseo y a veces hace olvidar con su interpretación sinuosa el calamitoso estado de su voz. A quien no se le puede poner ningún pero es a un Jorge de León en posesión de una voz poderosa y con agudos de impacto, pero que sabe dominar el caudal para plegarse a bellas regulaciones. A ello se le añade el alarde técnico de cantar todo el tercer acto, con el famoso 'Adiós a la vida' incluido, tirado en el suelo. El triángulo fatal se completó con otro gran artista. No es la de Mastromarino una voz bella por su timbre y por una emisión muy nasal, pero sí sobresale en la intensidad dramática de su fraseo y en sus dotes actorales, que aportaron al personaje aún mayor contenido de perversión, desde su espectacular entrada en el primer acto hasta la manera sibilina de susurrar la frase "A donna bella non mi vendo a prezzo di moneta". Estupendos igualmente Castignani, Feria y Bonilla. Y en buena senda de recuperación el coro gracias a su reciente nuevo director, el prestigioso Joan Cabero.

A pesar de no poder disponer de toda la orquesta que esta ópera exige, Carlos Aragón aportó con su dirección todo el dramatismo de la partitura. Acompañó con mimo a las voces y no dejó caer la tensión en ningún momento, haciendo del foso (sobre todo en un espléndido segundo acto) un personaje más del drama. En definitiva: una gran noche del mejor teatro y la mejor música.

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