Terapia al volante

aprendiendo a conducir

Comedia dramática, EEUU, 2014, 91 min. Dirección: Isabel Coixet. Guión: Sarah Kernochan. Fotografía: Manel Ruiz. Intépretes: Ben Kingsley, Patricia Clarkson, Grace Gummer, Sarita Choudhury, Jake Weber, Samantha Bee, Daniela Lavender, Matt Salinger, Michael Mantell.

Abonada al circuito del cine transnacional y globalizado, la catalana Isabel Coixet sigue viajando por el mundo con las alforjas ligeras de aquella estética del cine indie norteamericano de los 90 que ha resultado ser el mejor pasaporte para pasar fronteras y géneros con el pretexto de las emociones de los solitarios y los corazones rotos sin hacer demasiada cola a la puerta de los despachos de los productores.

Tras su parada británica de género (Mi otro yo) y a la espera del estreno de Nadie quiere la noche, con Juliette Binoche, Aprendiendo a conducir se presenta como filme menor y amable, prototipo de feel good movie para públicos urbanitas y mentalidad entreabierta, para dirimir la prototípica crisis de mediana edad de una mujer (Patricia Clarkson, otro icono indie, en la piel de una crítica literaria recién abandonada por su marido) a manos del volante en prácticas que le ofrece otro personaje no menos prototípico del mismo orbe fílmico, a saber, un inmigrante hindú de la casta sij con barba y turbante (Ben Kingsley, en su habitual modo de transformismo capilar), que se gana la vida en las calles de una Nueva York luminosa y veraniega conduciendo un taxi y un coche de autoescuela indistintamente.

El guión de Sarah Kernochan pone encima de la mesa la cuestión multicultural y el choque de costumbres sin hacer demasiada sangre en el intento, siempre con tono didáctico y conciliador, para centrarse en lo que verdaderamente interesa: el flujo emocional de ida y vuelta entre dos personajes solitarios y algo desamparados que se (auto)descubren el uno al otro entre intermitentes, arranques bruscos, calados, semáforos en rojo, acelerones, golpes y demás lugares comunes del hermoso arte de la conducción primeriza, y sé bien de lo que hablo.

Les engañaría si dijera que esta película tontorrona y previsible, mal rodada y peor montada (por la mismísima Thelman Schoonmaker, sic) no me ha tocado un poco las identificaciones más elementales por temática de proximidad (yo también me he sacado el carnet de conducir hace apenas un mes), pero no es menos cierto que, en otras circunstancias, o sea, las normales, no dejaría de ser un cúmulo de clichés del buenrollismo para públicos femeninos de mediana edad, a saber, los únicos que llenan hoy por hoy las salas de versión original en este país.

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