La otra mirada de Adrián Fatou

Tiempo de máscaras

EL rito de todos los años se repite. El ciclo de la carne y la cuaresma vuelve a darse un año más. Una vez más ese tiempo de desenfreno y supuesta lujuria precederá al tiempo de la abstinencia, también supuesta.

El carnaval se celebra en casi todo el mundo pero adopta distintas formas según el lugar. Hay lugares singulares y especialmente conocidos y otros que, aun siendo más desconocidos, no carecen de particularidad.

Venecia puede ser uno de esos lugares únicos e irrepetibles, y hasta allí se fue Mariano Cano con su cámara para asegurarlo, confieso que algo tuve que ver en su decisión. Y el resultado, ‘Venice Carnival’, por fin podemos verlo hasta el día 21 de febrero en la sala de arte del bar Damajuana. Que de eso también quiero hablar, pero será unas líneas mas adelante, de los bares que fomentan el arte.

Sin duda la maestría técnica de Mariano, unida a un perfecto dominio de la gestión del color en la fotografía digital, tiene como fruto este magnífico trabajo que refleja fielmente la espectacularidad del carnaval veneciano. Lujo, sofisticación y exhibición… pura exhibición al más alto nivel. Cientos de personas llegadas de todas partes del planeta llenan las calles de personajes enmascarados o recrean en los lujosos cafés de la Plaza San Marco la época de Casanova, cuando la vida era un auténtico lupanar de lujuria pecaminosa. Lógicamente ya no es nada de eso, pero su esencia se pasea estos días por las calles decadentes de esa Venecia inmortal.

Todavía se está a tiempo para coger un avión y no perdérselo pero, si por la crisis resulta complicado, no se lo pierdan a través da la cámara de Mariano Cano en la primera planta del bar Damajuana en la calle Francos.

Y de eso quería también hablar de la magnifica labor de personas como Luis García-Pelayo y su equipo realizan en pro del arte en nuestra ciudad, en una versión actual y mas modesta de los mecenas históricos. Solo que con más voluntarismo e ilusión que recursos económicos. Pero que sin duda consigue aportar a esa actividad empresarial, como es la hostelería, un plus artístico y cultural que dice mucho del filantropismo de su dueño. Aunque no es el único, que cunda el ejemplo.

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