Arquitectura · La belleza intangible

"Torna subito a Padova" (1)

PADUA es una de las siete provincias que se integran en la región del Véneto, cuya capital es Venecia, y es conocida por ser el lugar donde murió en 1231 San Antonio de Padua, que fue un monje franciscano nacido en Lisboa en 1195. El fraile portugués recaló en Italia enfermo, procedente de Marruecos donde anduvo buscando el martirio. En Sicilia conoció a Fray Gracián quien lo envió al eremitorio de Montepaolo. Allí se descubrió como un gran orador y asistió a la celebración del Capítulo General de Asís en 1221, en el que se reunieron 3.000 frailes junto a San Francisco para afinar la regla de la orden. Antonio llegó a ser conocido por sus virtudes oratorias como el Arca del Testamento, y tras el Capítulo se quedó predicando por el sureste de Francia y el norte de Italia, donde murió prematuramente. Canonizado de inmediato por el Papa Gregorio IX, se erigió en Padua una basílica en la que se conservan sus restos mortales, incluida su lengua incorrupta, como era de esperar dada su reputación de predicador.

La basílica de Sant'Antonio se llena cada día de cientos de feligreses que acuden a pedir todo tipo de favores al santo, peticiones que quedan perpetuadas por una cantidad ingente de ofrendas votivas. Entre esta iglesia y la de Santa Giustina, se encuentra uno de los lugares más especiales de la ciudad: el Orto Conclusi. Se trata de un jardín botánico encerrado por unos muros de piedra construidos como un círculo perfecto, con cuatro puertas que coinciden con los ejes ortogonales de la circunferencia. El trazado se completa con un paseo circular, paralelo y separado del muro exterior que mejora la accesibilidad a cada una de las plantaciones. Visto desde arriba es como un sello de lacre estampado sobre la ciudad. Este jardín, que es el primer jardín botánico de la historia, fue fundado por orden de la Signoria de Venezia. Se dedicó al estudio de las plantas medicinales (Orto dei Semplici) para producir remedios naturales contra las enfermedades. En realidad, las paredes que lo encierran fueron construidas para evitar los robos nocturnos, pero pronto se descubrió el valor adicional de los muros, tanto para la buena conservación de las especies como por la cualidad singular que confieren al espacio. El arquitecto del jardín fue Daniele Barbaro, un noble veneciano traductor De Architectura, la obra del arquitecto romano Vitrubio. El Jardín Botánico fue inaugurado en 1545, y se utiliza desde entonces como un centro de enseñanza de la Universidad de Padua. De los árboles se conserva una palmera plantada en 1585, a la que llaman "palma de Goethe", porque el poeta se refiere a ella en su ensayo "Meines Geschichte Botanisches Studiums". Este árbol está situado en un invernadero donde también hay un ginkgo y una magnolia que se remontan a la mitad del siglo XVIII y que se consideran los ejemplares más antiguos de Europa.

Muy cerca del Orto Conclusi se encuentra uno de los espacios públicos más interesantes de la ciudad y de la arquitectura barroca: el Prato della Valle. Es una plaza elíptica de 90.000 metros cuadrados, una superficie equivalente a una docena de campos de fútbol. Históricamente fue una zona pantanosa, calificada de inutilizable e insalubre a lo largo de la historia de la ciudad. En el último cuarto del siglo XVIII, se realizó el proyecto que hoy conocemos, que consistió en realizar un anillo oval consistente en dos muros de piedra que drenan y contienen el agua que el terreno recoge y que permiten la utilización del resto del espacio, tanto el que queda en el interior del anillo, donde se realizó una plantación de árboles, como el del exterior, que queda confinado por la traza irregular que las edificaciones fueron dejando. Dos ejes perpendiculares, los propios del óvalo, dan forma al interior del anillo y terminan en puentes que permiten la conexión con la zona exterior. El resultado es un espacio urbano de dimensiones colosales recuperado para los usos urbanos, una obra bellísima.

Padova fue muy castigada por los bombardeos aliados en el año 43, al final de la Segunda Guerra Mundial. Muchos de sus principales edificios hubieron de ser reconstruidos a la finalización del conflicto y otros directamente pasaron a la historia, siendo sustituidos por edificios modernos con un nivel excelente de calidad, propios de la arquitectura italiana de la segunda mitad del siglo XX. Uno de los que se salvaron de las bombas fue el café Pedrocchi, un antiguo café construido a principios del siglo XVIII, como consecuencia de la popularidad del café que empezó a extenderse por toda Italia. Proyectado en el estilo Neoclásico del momento, las decoraciones de sus diferentes espacios hacen referencia a muchos de los estilos de la antigüedad, desde Egipto a Grecia, de Roma al Neogótico, pasando por el Renacimiento y el Barroco, e incluía también una sala "morisca". En ese estupendo lugar se organizó en los inicios del siglo XXI un Workshop Internacional de Arquitectura al que fueron invitados un grupo de arquitectos amigos del arquitecto Edoardo Narne, profesor en la Facoltá d'Achittetura di Venezia y organizador del evento. Durante una semana, ese grupo, meros espectadores en el Workshop, se dedicaron a recorrer el Véneto y sus ciudades más importantes, tomando buena cuenta de toda esa arquitectura del pasado y del presente que tanta enseñanza guarda entre sus paredes. Sobre aquellos días versarán las siguientes partes de este texto.

Continuará.

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