VIII Certamen de Pintura del Club Nazaret, la profesión pictórica

ES primavera, un tiempo en el que muchos pueblos y ciudades del entorno, vienen celebrando sus anuales certámenes de pintura al aire libre; premios que atraen a un gran número de autores de todos lados, verdaderos profesionales de este tipo de actuaciones que, con un entusiasmo desmedido y una gran dimensión artística, dejan su ilusionante trabajo aportando el testimonio absoluto de un trabajo valiente, expectante y lleno de los máximos valores de la gran pintura de siempre.

Estos certámenes, a la par que abren las posibilidades de canalizar la pintura en un momento de escaso dinamismo comercial, crean un estamento artístico de mucha consideración donde se crea un paisaje pictórico y un tejido creativo que favorece intensamente el espíritu de un Arte necesitado de muchas buenas circunstancias. Sus protagonistas son artistas de verdad, con una capacidad pictórica de primerísima categoría, dotados de una técnica y un bagaje artístico sin discusión y dispuestos para afrontar cualquier situación y, además, después de todo esto, tienen algo que me parece digno de ser mencionado: son artistas generosos, acuden a estos premios que no están excesivamente bien dotados - mucho menos en estos momentos de dura sequía expositiva - buscando el puro placer de la creación, echando adelante un día de pintura à plain air, gozando del momento y dejando constancia de su valor como artistas, de su profesionalidad y de su pureza creativa.

Eso es lo que tuvimos la oportunidad de vivir el sábado pasado en el Club Nazaret. Día que comenzó con tristes presagios, con un diluvio universal a la hora de que los pintores acudían, y no por ello decayó el ánimo hacia una jornada que prometía por la belleza del entorno.

Hay que hacer constar la importante calidad de las obras realizadas, todas salidas de pintores sabedores de que tenían entre las manos y artistas con una gran capacidad a la hora de levantar un paisaje y estructurar una obra que, en la inmensa mayoría, descubrían un buen pintor.

El desenlace, bastante ajustado, pudo tener muchos otros desarrollos, a juzgar por la parecida alta calidad de las obras. Al final fue el siguiente: Obra ganadora del VIII Certamen del Club Nazaret, la titulada '1007', del pintor Pedro Lobato Hoyos; asimismo el jurado recomendó la adquisición de las siguientes obras: 'Luz en la casa matrimonial', de Eduardo Gómez Query, 'Pintando bajo la lluvia', de Rafael Gómez Álamo y "Romero", de la pintora Cristina Díaz García.

Día gozoso para el Arte y para un Club Nazaret que sigue teniendo clara su apuesta por un Arte muy necesitado de buenos proyectos, como éste.

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