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"Volar era una fuente de creación para Saint-Exupéry"

  • El autor publica 'A cielo abierto', por la que ganó el Premio Biblioteca Breve y en la que retrata al narrador francés y su amor por la aviación

El escritor aragonés Antonio Iturbe (Zaragoza, 1967). El escritor aragonés Antonio Iturbe (Zaragoza, 1967).

El escritor aragonés Antonio Iturbe (Zaragoza, 1967). / marta pérez / Efe

Como la mayor parte de nosotros, Antonio Iturbe (Zaragoza, 1967) llegó a Antoine de Saint-Exupéry con El Principito. Con el paso de los años, descubrió que había sido aviador y deseó saber qué había detrás de él, "detrás de todos esos episodios fabulosos que relata en Vuelo nocturno y Correo Sur".

Saint-Exupéry formó parte, junto con Jean Mermoz y Henri Guillaumet, del grupo de repartidores del Servicio Postal francés que inauguró el correo aéreo. Acometieron, en aviones con armazón de madera, retos que se creían imposibles, como volar por la dorsal andina o abrir una línea postal entre Europa y América. Todo esto, al igual que las relaciones personales entre los tres pilotos y la recreación de su vida sentimental, lo recoge Antonio Iturbe en A cielo abierto (Seix Barral), la novela con la que ganó el último Biblioteca Breve.

A Saint-Exupéry se le consideró un traidor por no apoyar al cien por cien la idea de la 'grandeur' francesa"

Iturbe no cree que los retos que afrontaron tuvieran que ver con tendencias autodestructivas o con el subidón de adrenalina, "como el que ahora hace puenting". "Eran muy conscientes del peligro: hay cartas en las que Saint-Exupéry compara ser piloto con ser torero. No creía en el riesgo por el riesgo -explica-. Entendían lo que hacían, ante todo, como un servicio público: era el principal modo de comunicación de la época. También se rendían ante la fascinación por el vuelo: no los movía el morbo por la muerte, sino un gran amor por la vida. Para Saint-Exupéry en concreto, suponía una fuente constante de creación poética y ensoñación". "Tras uno de sus accidentes, hay una enfermera que le dice a Saint-Exupéry que están locos, que están jugando con la muerte. Y él le contesta que hay que preocuparse menos por la muerte y más por la vida. Todos vamos a morir, al fin y al cabo, y esto lo entendían como una apuesta de vida".

¿Un escritor ha de contar lo que conoce, como se suele aceptar, o lo que nadie ha contado, como pensaba el creador de El Principito? "Sobre Saint-Exupéry se han escrito muchas biografías, por ejemplo, pero pienso que sea lo que sea sobre lo que escribas tienes que aportar tu mirada de las cosas -reflexiona Iturbe-. Una mirada que se genera en parte por la documentación, pero también por la impregnación. Yo sería incapaz de transmitir pasión por un personaje si no me apasionara, por ejemplo. Tan importantes son las cosas que contamos como la mirada".

En una narración que tiene un 80% de base real, la producción epistolar de Saint-Exupéry terminó siendo "muy reveladora" entre toda la documentación: "Parece una persona con una gran fortaleza espiritual pero en las cartas descubres a una persona de fragilidad tremenda, muy enamoradizo, que espera que lo quieran siempre mucho".

"No quiero hacer de psicólogo -continúa el escritor-, pero tanto la muerte de su padre cuando era niño como la de su hermano, de adolescente, lo van a situar en una posición por la que siente una gran devoción por las mujeres, hasta el punto de querer ser protegido por ellas. Tiene un primer amor de fascinación y entrega arrebatada y el fracaso de la historia siempre lo llevará consigo. Su relación con las mujeres es entre dispersa y enamoradiza, incapaz de mantener un matrimonio estable, ordenado. Actúa de forma caprichosa: trata de recuperar a ese primer amor y nunca lo consigue, nunca consigue plasmarlo de forma perfecta. Tenía, además, altibajos emocionales. Derrochaba cuando tenía dinero y, si algo le afectaba, entraba en barrena. Parecía tener un avión interno".

Saint-Exupéry es el pivote sobre el que gira A cielo abierto, pero los otros dos protagonistas -sus compañeros, Guillaumet y Mermoz- le sostienen el pulso sin pestañear. El personaje de Mermoz, de hecho, es mastodóntico: "Por lo que sabemos, podemos decir que era un personaje muy seguro de sí mismo -apunta Iturbe-. Le dijeron que no era posible físicamente cruzar los picos de 7.000 metros de los Andes, y él lo hizo; instauró el vuelo nocturno para recuperar tiempo... Era un tipo muy valiente, físicamente atractivo, con una planta estupenda. Un personaje arrebatador".

Para Antonio Iturbe, el reconocimiento a la figura de Saint-Exupéry ha sido siempre "algo tibio" oficialmente, postura que tiene mucho que ver con su actitud durante la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que sirviera con una posición de alto riesgo en el Mediterráneo, "Saint-Exupéry no era un político sino un humanista, por eso tuvo lo que muchos consideraron una postura intermedia. Abomina del nazismo pero también dice que, si Francia no se hubiera rendido, habrían muerto miles de jóvenes bajo los tanques alemanes. Se le consideró un traidor por no apoyar al cien por cien la idea de la grandeur francesa".

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