Yuxtaposición de lo clásico y lo moderno

Hace tiempo que conozco a Jesús Jiménez Cabral y hace tiempo que reconozco en él las máximas consideraciones como artista. Me interesa mucho su pintura; pero, también, me gusta su actitud como creador, su postura como pintor y su realidad como autor solitario, muy a lo suyo, sin dejarse influenciar por los estados volubles que anima lo artístico y por esas circunstancias atípicas que muchos quieren imponer para dejar constancia de lo que no pueden hacer como artistas. Jesús Jiménez Cabral es un pintor grande, portador de un bagaje creativo importante y sabiendo manifestar un ideario pictórico que, desde las fuentes clásicas, desentraña una estética personal y llena de criterio. Y precisamente el clasicismo es el término que mejor define su esclarecedor trabajo. Un clasicismo que impone la máxima potestad artística, que aleja criterios de falsas circunstancias para recrear una plástica conformada desde contundentes planteamientos tradicionales, muchos ya en desuso y que algunos de los que se creen salvadores de nuestra pintura, ni siquiera saben lo que es. Clasicismo en el manejo de los elementos, en la estructuración escénica, en el desarrollo dibujístico y en la plasmación de unos registros visuales que adecuan a la perfección fondo y forma. Lo clásico en la pintura de Jesús Jiménez Cabral es un valor añadido, una potestad suprema que marca los esquemas de una pintura con mayúsculas, sin trampa ni cartón, imponiendo una realidad figurativa de máximos, yuxtaponiendo elementos extraídos de la pintura tradicional con otros sacados de un entorno doméstico y urbano.

Pero la pintura de Jesús Jiménez Cabral no se queda en unos únicos desarrollos visuales, extraordinariamente planteados, con lo clásico marcando esas rutas espectaculares que intervienen en su obra; manifiesta, asimismo, una modernidad acusada en la propia estructuración formal, en la disposición espacial, en los registros cromáticos, en la diversidad de tintas, en los contrastes de las mismas y en el especialísimo resultado que crea un organismo lleno de intensidad y carácter.

La exposición de Jesús Jiménez Cabral en su galería de siempre, nos vuelve a situar en los esquemas de una pintura grande, bella en contenido y continente, transmisora de los máximos elementos del gran arte de siempre, ese que marca rutas entusiastas donde la verdad creativa desentraña sus fórmulas esenciales y su más justo sentido expresivo.

Ramón Martín y Paloma Caparrós, en su heroico y solitario trabajo, nos presenta la contundente pintura de un artista francotirador que nos conduce por una pintura donde lo clásico y lo moderno funden sus fronteras.

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