El alma de la forma pictórica

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QUE Loreto Villar es una buena pintora nadie que haya visitado su exposición en el Hotel Los Jándalos lo va a poner en duda. Su pintura es fresca, bien concebida y con carácter. Sin embargo los que la han visto en este espacio hotelero se habrán llevado la misma mala impresión que yo me he llevado al contemplar la disposición de sus obras en esta pseudo sala de exposiciones sin el más mínimo sentido. Además nosotros tuvimos que compartir la exposición con una especie de mercadillo donde se ofrecían todo tipo de bisutería, mantelerías y cosas así. Es decir, un desastre. Creo que los fondos de las ventas de las piezas de esta artista van destinados a una causa justa, pero eso no es justificación para organizar una exposición caótica donde todo queda supeditado a la algarabía estructural que, ese día, toque en aquel espacio hotelero. Por eso, desde hace muchos años venimos criticando las exposiciones que se presentan en este tipo de establecimiento que redunda negativamente en una obra que queda totalmente supeditada al entorno donde se presenta.

Créanme ustedes que el que esto escribe tuvo que realizar auténticos esfuerzos de abstracción para concentrarme en lo que hasta allí me había llevado -tuve que pasar literalmente por medio de unos novios y sus familiares mientras se hacían las consabidas fotografías para llegar a la sala-. Una vez superadas tantas inconveniencias me encontré con una pintura colorista, fresca, llena de sentido creativo y desentrañando muchas buenas circunstancias figurativas. Se nota que su autora sabe lo que tiene entre manos y lo hace manteniendo vivo el criterio pictórico.

Desde su colorista figuración, la pintura de esta artista, básica, esquemática, esencial y tremendamente expresionista, nos plantea muchas buenas circunstancias de una realidad que ella maneja a su antojo, que abre las perspectivas representativas y suscribe un relato de unos hechos cercanos mediante un tratamiento plástico contundente, generando la esencia de una realidad que abre los horizontes representativos para quedarse en sus elementos más puros.

La pintura de Loreto Villar formula un ideario estético donde predominan las fórmulas cromáticas para tejer una red de emocionantes esquemas pictóricos. Su realidad está más cerca de la pureza conformante que de los máximos desarrollos concretos que nos hacen perder el sentido de la emoción plástica. En su pintura hay mucho carácter expresivo, abundan más el trazo contundente, sabiamente dispuesto para que genere su potencia representativa, que el fácil recurso medido que rezuma simpleza compositiva.

Estamos ante una buena pintura de una artista que cree en lo que hace. Lástima que se presente en un espacio tan falto de todo.

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