Flamenco

50 años de la Cátedra de Flamenco vistos desde Madrid

  • El CAF acoge una mesa redonda sobre la relación de la institución con la capital

Dentro de los actos que la Cátedra de Flamencología de Jerez está realizando con motivo del cincuentenario de su fundación, el Centro Andaluz de Flamenco acogió el pasado viernes una mesa redonda sobre la visión y presencia de esa institución en la capital del Reino. La propuesta debió parecer interesante, porque el salón de actos del Centro estuvo lleno, hecho que también justifica la entidad de los invitados a prestar su testimonio. Estos fueron Manuel Ríos Ruiz, acreditado escritor y flamencólogo y, a su vez, miembro fundador de la Cátedra; José María Velázquez-Gaztelu, también escritor y flamencólogo, director del programa Nuestro Flamenco de Radio Clásica (R.N.E.) y el estudioso Eugenio Cobo quien, aunque nacido en Mérida, por residencia, resulta ser un privilegiado testigo del flamenco en Madrid. Quizás sea este último el que resumió la visión que se pretendía dar al afirmar que "la Cátedra, desde la capital, no se ve de forma distinta a como se ve en Jerez. Nunca ha sido algo lejano y siempre ha estado en el corazón como un símbolo pero, sobre todo, como un referente".

Antes de él, Manuel Ríos Ruiz se encargó de documentar la presencia de la institución en Madrid desde su doble condición de miembro fundador desde Jerez y, posteriormente, embajador residente en la capital; una condición esta que también compartieron otros escritores y a la vez miembros de ella como fueron Fernando Quiñones, José Manuel Caballero Bonald o Tomás Borrás. Porque, desde sus inicios, esta Cátedra, como bien señaló Ríos Ruiz, se nutrió de prestigiosos escritores e intelectuales. Por ejemplo, además de los citados, eran miembros personajes de la talla de José María Pemán, el folclorista e investigador García Matos o el musicólogo Arcadio de Larrea. No cabe duda de que su presencia y crédito posibilitó una cierta permeabilidad dentro de los círculos cultos madrileños que fueron sensibles a las intenciones de revitalización y dignificación del arte flamenco que la Cátedra se propuso desde su creación.

Como prueba de ello, Ríos Ruiz citó la I Semana Universitaria de Estudios Flamencos, que se celebró en la Complutense en 1964 contando con conferencias, recitales y la proyección de la película Duende y Misterio del Flamenco del director Edgar Neville. Igual o más importante pareció el testimonio de la entrada del flamenco en el Ateneo de Madrid, sobre todo por las suspicacias que el hecho despertaba en esa institución. Ello se produjo en el mes de febrero de 1970 de la mano de los miembros de la Cátedra Fernando Quiñones, Domingo Manfredi y el propio Ríos Ruiz, quienes dictaron conferencias que fueron ilustradas por los entonces jóvenes artistas Enrique Morente, Manuel Agujetas y un casi niño José Mercé con las guitarras de Manolo e Isidro Sanlúcar. La repercusión de aquellas sesiones obtuvo su hueco en los periódicos de la época que se hicieron eco del evento con titulares como "El Flamenco interesa" o "El Ateneo, muy serio, dijo olé". Tras esta prueba de fuego, la Cátedra organizaría, ya en la capital, los festivales de entrega de sus Premios Nacionales de Flamenco durante los primeros años de la década de los 70 del pasado siglo.

Como penúltima prueba de la relación recíproca entre la Cátedra y Madrid, Velázquez-Gaztelu glosó el homenaje que el mundo flamenco de la metrópoli le rindió en el Círculo de Bellas Artes en marzo de 1999 con motivo del cuarenta aniversario de una institución que ya llega a su medio siglo de existencia.

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