Cinco años con Gerardo

Guitarra: Gerardo Núñez, Manuel Valencia. Cante: David Carpio, Rafael Zambo. Baile: Carmen Cortés. Percusión: Ángel Sánchez 'Cepillo'. Contrabajo: Pablo Martín. Lugar: Teatro Lope de Vega. Fecha: Jueves, 27 de septiembre. Aforo: Casi lleno.

Cinco años de ausencia de la capital del flamenco de uno de los grandes tocaores de todos los tiempos, gozosamente contemporáneo nuestro. Cinco años en que estuvimos con Gerardo en los Vaivenes Flamencos de Alcalá de Guadaíra, los dos años en que se celebró, En Clave de Sol en la finca de Trebujena en la que Núñez organiza su anual encuentro musical.

El público que no se haya desplazado a estos y otros lugares del orbe a los que Gerardo Núñez ha llevado su música comprobó que todo y nada ha cambiado en la música de Gerardo Núñez. La energía, la vitalidad, el compromiso musical y humano, sigue siendo el mismo. Las piezas de su nueva entrega discográfica se integran con toda naturalidad en el repertorio habitual de Núñez. El tocaor ha aprendido del flamenco, del toque y del cante de su tierra, del baile, que climax y valle son estricta y necesariamente complementarios. A ello une varios conceptos fruto de su bagaje con sus amigos Erico Raba, Perico Sambeat, Danilo Pérez o Arto Tuncboyaciyan y demás jazzeros: la solidaridad y el compañerismo, el entendimiento, el diálogo, el espacio para el otro, como para uno mismo. Por eso uno de los números centrales de su espectáculo sigue siendo, sólo que ampliado y mejorado, el minishow de los Laurel y Hardy del grupo que son El Cepillo y Pablo Martín, la base, la médula, junto a las composiciones de Núñez, de la propuesta del guitarrista jerezano. ¡Cuántas horas de vuelo tienen estos tres señores juntos!

Cinco años muy largos, por eso el jueves supieron a poco las casi dos horas de concierto. Todo ha cambiado y nada ha cambiado, porque lo que ha hecho Núñez es profundizar en sus rasgos definidores: contundencia, energía, diálogo, complicidad, honestidad insobornable. Entrega, compromiso. De ahí los 110 minutos de toque, cante y baile, porque Núñez sabe, con la que está cayendo, lo que cuesta una entrada de teatro.

Aún más música, cuando ya parecía que no era posible, más energía, más entrega, más velocidad, más soniquete, más vértigo en las cuerdas, más bordón, bordón y bordón: Jerez en el corazón. El secreto del cambio, para Gerardo Núñez, del crecimiento, de la evolución, es permanecer fiel a sí mismo. En cinco años el tocaor no se ha apartado ni un ápice de él. Si acaso ese filo de melancolía, siempre presente en su obra conviviendo con las explosiones de vitalidad, se ha hecho menos reticente, las escasas ocasiones en las que aparece. Ha ocupado su espacio con naturalidad.

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