Un artista genial

Volvemos a insistir que se trata de un error mayúsculo considerar que el verano no es buena fecha para las actividades culturales en general y para las artísticas en particular. Las ciudades costeras que así lo han creído - la capital de nuestra provincia, entre otras como ejemplo más significativo - han perdido el tiempo. Entre nuestros visitantes no todos vienen a consumir sol, playa y pescaíto frito, también a muchos, les interesa lo que se cuece culturalmente por nuestra zona y, desgraciadamente, la imagen que se van a llevar no es de la más edificante.

Por eso, encontrarnos una exposición como esta, en una ciudad como Sanlúcar, viene a confirmar que no sólo de sol y playa se vive en el verano. La exposición que organiza La Fundación La Caixa viene a constatar nuestra teoría. Hemos asistido dos veces a contemplar la exposición y, en ambas ocasiones, hemos comprobado que existía una importante afluencia de público - sanluqueños y, sobre todo, veraneantes - lo que supone un acierto absoluto la programación de eventos como estos en tiempos estivales y donde la nota primordial es la de un prosaísmo descorazonador.

La exposición en el bello espacio recuperado de la antigua iglesia de la Merced, supone el patrocinio de dos asuntos perfectamente diferenciados: En primer lugar el encuentro con el diseño más inmediato y, además, el homenaje de los cartelistas al que fue el padre de la cartelería moderna.

Perfectamente acondicionada a las estancias de la antigua iglesia - norma habitual en los esclarecedores montajes que organiza La Caixa - la exposición nos conduce por el homenaje que un numeroso grupo de sesenta artistas de la primera línea del diseño mundial realizaron convocados, en el año 2001, por el Club des Partenaires du Musée Toulouse Lautrec de Albi. Era el año en el que se conmemoraba el primer centenario del fallecimiento del artista francés.

Toulouse- Lautrec, aquel pintor de vida azarosa y nefasto desenlace por culpa de la vida extrema y de la absenta, fue un revolucionario en cuanto a la forma de idear la cartelería. Él fue el que dio origen a los nuevos diseños de los afiches que debían presentar y anunciar los cabarets donde el artista pasaba gran parte de tiempo.

Dos partes estructuran la muestra. En primer lugar aquellas obras que tienen como desarrollo la iconografía del personaje. El pintor con su bastón, el bombín, el traje negro, la barba, el propio defecto físico… Al mismo tiempo, la noche parisina, sus lugares emblemáticos, los cabarets, las mujeres, la absenta… y todo aquello que envolvía el ambiente vivido por el genial artista.

Estamos ante una oportunidad única para desentrañar la vida y parte de la obra de Henry Toulouse-Lautrec, unos de los artistas geniales que participaron de aquella revolución absoluta que fomentó la aparición de las primeras vanguardias. Además, la realidad cartelística de los mejores diseñadores de esta tendencia artística. Una exposición para disfrutar enormemente.

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