Un bestiario de mediatas connotaciones

NO es nuevo que la pintura de Juan Ángel González de la Calle esté protagonizada por animales. Creo que fue un gran gorila uno de los primeros que llenó de fantasioso animalario una obra que, como es habitual en su producción, se presenta perfectamente conjuntada en fondo y forma.

El artista jerezano, una vez más, sabe yuxtaponer las concreciones de la realidad a una escenografía ideal donde se funden situaciones mediatas e inmediatas hasta conseguir un proyecto visual de abierta significación. Si hace poco fueran circunstancias sacadas de su contexto, en las que se producían un diálogo de imposibles, las que llenaron de emoción pictórica su obra; ahora, los animales juegan ese papel ambiguo, de complicidad y doblez referencial, que predetermina una realidad a contracorriente.

González de la Calle presenta una serie de obras donde grandes animales protagonizan una historia de final más que incierto; una escenografía en la que la más exuberante de las concreciones faunísticas sirven de apoyo estructural a la ilustración de un universo que se antoja más abierto que el que supone sus impresionantes representaciones.

La pintura de este artista, de tanta solvencia compositiva como asume, patrocina esquemas que llegan a perecer virtuosas con tanta clarividencia pictórica como ofrecen, pero que, al mismo tiempo, dejan entrever sistemas conceptuales que convencen porque nos apartan de superficialidades y epidérmicos muestrarios insustanciales. Y es que González de la Calle abre absolutamente las compuertas de la pintura figurativa para que el motivo representado abandone su trascendente posición ilustrativa y provoque nuevos e inesperados encuentros significativos. El espectador ante la obra de este artista sabe que existe una dimensión diferente a la que el ojo observa. Su bestiario es mucho más que la simple manifestación convincente de una realidad faunística objeto artístico que presupone una idea sacada de contexto y que exige una mirada alternativa, mucho más comprometida y llena de complicidad.

De nuevo, la obra de Juan Ángel González de la Calle viene a llenarnos de nuevas experiencias, ilustrativas de un universo mediato en el que la realidad, a fuerza de mostrar sus contornos, pierde su naturaleza figurativa para ofertar nuevos caminos. La pintura de este artista, preñada de contundentes fastos y de episodios llenos de inequívoca determinación, se nos vuelve a presentar convincente de principio a fin. Si sus poderosos registros compositivos y su técnica apabullante levanta expectación a primera vista, su velada significación y su arbitraria y libre significación, abre las máximas compuertas de la emoción.

Muy buena exposición, una más, la que organiza Ramón González de la Peña en su sala de la calle Doctor Mercado. A los bellos intereses fotográficos de Juan Carlos Toro. Ha seguido esta muestra llena de muchos y buenos argumentos; argumentos en los que la realidad patrocina mucho más de lo que la mirada abarca.

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